Una pareja feliz no es aquella que no tiene conflictos, sino aquella que sabe afrontarlos y salir fortalecida de ellos. Hasta las parejas mejor avenidas y maduras pasan por momentos difíciles y tienen crisis. Todos vivimos el drama de la conexión y la desconexión en el amor. Lo cierto es que las relaciones amorosas no son negociaciones racionales sino vínculos emocionales. Todos tenemos la necesidad innata de tener a nuestro lado un ser querido que nos ofrezca conexión y consuelo emocional fiable y seguro.
A menudo las parejas intentáis solucionar vuestras heridas ignorándolas o tapándolas. Esto es un grave error porque los problemas no tratados suelen empeorar. Cuando estáis en crisis, inmersos en plena batalla campal, os sentís amenazados. A menudo caéis en la desconexión emocional, perdéis el amor que teníais y, sin desearlo, arruináis la relación.
Cuando perdemos la conexión con nuestra pareja, cuando no responde o se muestra emocionalmente distante con nosotros, se pone en peligro nuestra sensación de seguridad. Nos asaltan emociones como rabia, tristeza, frustración, miedo al abandono, a la soledad. Se nos dispara la amígdala (centro neurálgico del miedo) que nos impide pensar y nos provoca comportarnos irracionalmente.
Todos experimentamos miedo cuando tenemos desacuerdos o peleas con nuestra pareja. Para aquellos que tienen vínculos seguros es un fallo momentáneo y el miedo se neutraliza rápida y fácilmente. Sin embargo, para la mayoría de las personas, ese miedo puede ser realmente abrumador. Aunque no nos demos cuenta, nos encontramos desbordados por un miedo “primitivo”. Sentirte así te provoca hacer una de estas dos cosas:
Te vuelves crítico, agresivo, agobiante y exigente, reprochas, te quejas, te desbordas emocionalmente en un esfuerzo por conseguir el consuelo y la reafirmación de tu pareja. Quieres que te preste atención, que se ponga de tu lado, que te haga sentir valioso e importante. Sin embargo, tu actitud le hace sentir al otro que no le aceptas como es, que todo lo hace mal, o que nada es suficiente para ti; lo que provoca que se enfríe y se aleje más de ti. Precisamente provocas, sin quererlo, lo que tanto tratas de evitar a toda costa.
¿Te resuena esto? Si es así, entonces es probable que suelas adoptar el rol de perseguidor con tu pareja.
Te pones a la defensiva, distante, frio y racional para evitar que el otro te haga más daño. Te retiras física y emocionalmente en un intento por calmarte y protegerte, intentando mantener el control y que la relación no se estropee aún más. Te enfrías, racionalizas o bien te callas y te refugias en un duro silencio que al otro le desgarra porque siente que no es importante para ti, que no es tu prioridad. Todo ello lo provocas, aunque no quieras, a pesar de que no te des cuenta o no puedas evitarlo.
¿Te resuena esto? Si es así, entonces es probable que suelas adoptar el rol de evitador con tu pareja.
Ambos os sentís atrapados en un irremediable combate, en un ciclo de interacción rígido y negativo, que os engancha reiteradamente, donde el uno reprocha y exige y el otro se enfría y le evita. Al final sólo quedan acusaciones y actitudes defensivas. Cuánto más tiempo llevéis desconectados emocionalmente, más negativa se vuelve vuestra relación. Más se disparan estas pautas destructivas levantando un muro entre vosotros. Se ha convertido en algo tan automático e inevitable que ya no sois capaces de detenerlo por vosotros mismos. Necesitáis ayuda.
Cuando uno se encuentra emocionalmente solo, por mucho que esté en pareja, se siente en caída libre.
Sentirse solo en pareja implica experimentar uno de los sufrimientos más profundos que existen. Duele demasiado el no entender la razón de esa frialdad emocional. Es contradictorio, (una auténtica locura), el hecho de tener a nuestro lado a la persona que amamos y, sin embargo, no poder sentirla.
Y es que hay dramas que no necesitan golpes, ni palabras para que aparezca el dolor desgarrador. En realidad, la tristeza más espantosa ocurre en el silencio del día a día.
Por el contrario, tener a alguien en quien puedes confiar para encontrar conexión y apoyo, lo cambia absolutamente todo.
Cuando uno tiene una pareja receptiva, tiene un refugio seguro ante cualquier tormenta de la vida.
La terapia de pareja focalizada en las emociones (TFE) nos enseña a aprender la exquisita lógica del amor y las herramientas que lo hacen crecer. En la terapia TFE, se considera que la emoción es el principal actor en el drama de la angustia de la relación y en el cambio de esa angustia. La emoción organiza los comportamientos de apego, nos orienta y nos motiva a responder a los demás, y comunica nuestras necesidades y anhelos más profundos a los demás.
La terapia TFE nos ayuda a comprender lo que es realmente el amor.
Cómo construirlo y cómo hacer que dure.
A crear un vínculo seguro y estable.
A disfrutar de una relación amorosa verdaderamente satisfactoria.
El amor no es una fuerza misteriosa como nos han vendido, sino un código de supervivencia que tiene una lógica aplastante, que por fin ahora con la terapia TFE somos capaces de comprender.
Las relaciones de pareja son un baile de conexión y desconexión, de encontrarnos y retirarnos y volvernos a encontrar minuto a minuto y día a día. Son un proceso constante de sintonizar, conectar, acertar y equivocarte al interpretar las claves del amor.
La terapia de pareja supone un laboratorio de experiencias nuevo y enriquecedor en el que podréis construir sólidos cimientos, reparar vuestro amor y hacerlo más fiable y duradero.
Sufrimos porque NO nos quieren como necesitamos que nos quieran.
Sufrimos porque sentimos peligrar nuestra relación.
Sufrimos porque nos dejan, o porque dejamos nosotros de querer…
Con tantas variantes de sufrimiento amoroso, las sesiones de terapia resultan esenciales para aprender a manejar lo que tantísimo nos importa y nos desestabiliza, el amor.
Los problemas de pareja están muy presentes en nuestra práctica diaria, tanto en la modalidad de terapia individual donde acudes a tratar situaciones personales de pareja, que resuelvan tus dificultades amorosas; como en la modalidad de terapia de pareja, donde los dos acudís a sesiones para reparar vuestra relación y hacer crecer vuestro amor.
La terapia de pareja es un tipo de intervención psicológica que consiste en un conjunto de técnicas y estrategias psicoterapéuticas, cuyo objetivo es ayudaros a resolver vuestras dificultades y conflictos en la relación de pareja. Es un proceso que involucra a ambos miembros de la pareja y se enfoca en crear un espacio completamente seguro para lograr fortalecer los cimientos de vuestra relación, saneando el vínculo amoroso.
La terapia de pareja es una intervención terapéutica indispensable para todas aquellas personas que necesitáis:
Una relación de pareja es un vínculo afectivo y relacional basado en el compromiso mutuo y en el establecimiento de planes de futuro juntos; sin embargo, esos planes no siempre terminan materializándose. Además la convivencia, el paso del tiempo y la rutina son retos difíciles para todas las parejas y provocan conflictos que terminan dañando el vínculo amoroso. Por lo que mantener una relación de pareja duradera no es tan fácil de llevar a la práctica. De hecho, la frase “ya nada es igual”, es una de las más repetidas en las sesiones de terapia.
La terapia de pareja es imprescindible cuando necesitáis recuperar el equilibrio, pero no sabéis cómo hacerlo.
Con la terapia de pareja aprendéis a parar vuestro ciclo negativo, cuando os relacionáis de forma tan negativa. Sin querer que ocurra y probablemente sin daros cuenta, os ponéis a la defensiva y esto os conduce irremediablemente a una comunicación destructiva. La terapia os enseña a frenar y no volver a caer en ese bucle automático tan tóxico en el que caéis.
Vais a aprender a enfrentaros a vuestros conflictos y crisis para que podáis superarlos cuando éstos aparezcan de nuevo. Es necesario que ambos aprendáis nuevas habilidades de comunicación y las pongáis en práctica una y otra vez hasta que podáis expresar vuestros sentimientos, expectativas y necesidades sin herir al otro, respetando su espacio, sus límites, individualidad y necesidades propias.
El proceso terapéutico os permite lograr un estado de equilibrio que os aportará:
Nuestro objetivo es salvar vuestra relación de pareja.
Nuestro objetivo es salvar vuestra relación de pareja.
Sin embargo, el proceso terapéutico también es muy útil para aquellos que tenéis claro que vuestra relación de pareja ya no tiene ningún futuro ni sentido alguno, y que sólo os está haciendo sufrir. Os ayuda a dar el paso definitivo con firmeza y seguridad, sin sentiros culpables, en el caso de que no os atreváis a separaros.
La psicoterapia os proporciona un espacio de desarrollo personal, de respeto y reconocimiento mutuo, donde juntos construimos una relación sólida. Durante el proceso terapéutico podréis afrontar vuestros problemas, solventar las disputas constantes y reparar vuestra relación de pareja estancada o en crisis.
Podréis transformar vuestra relación conflictiva, monótona o distante en fuente de cercanía, seguridad y confianza.
La mayoría de las parejas venís a terapia porque discutís mucho. La realidad es que detrás de todas esas discrepancias, hay conflictos importantes sin resolver. En la terapia de pareja averiguamos el origen del problema por el cual vuestra relación no está funcionando.
Para descubrirlo, necesitamos profundizar en vuestra historia de pareja. Indagar sobre cómo os conocisteis, en qué momento de vuestras vidas os encontrabais, a qué renunciasteis por estar juntos.
Analizamos las experiencias vividas con vuestras familias de origen, qué tipo de relación manteníais con vuestros respectivos padres antes de estar juntos y cómo os relacionáis con ellos en el presente.
Exploramos el tipo de relación afectiva que mantenían vuestros padres cuando vosotros eráis niños, ya que inconscientemente todos interiorizamos el “modelo de amor” de nuestros padres y lo trasladamos a nuestra pareja actual. Podréis daros cuenta y comprender cómo repetís automáticamente en vuestra pareja los mismos patrones de relación rígidos que aprendisteis en vuestra infancia, como por ejemplo reprochar, exigir, evitar al otro.
No conviene olvidar que hasta las parejas mejor avenidas y maduras pasan por momentos difíciles y tienen crisis. La mayoría de las veces esto ocurre sin que ninguno de los dos lo deseéis o lo veáis venir, y sin que sepáis siquiera cómo evitarlo.
En la mayoría de las ocasiones, el amor todavía existe y es la relación la que está estancada o deteriorada. Puede ocurrir que el vínculo emocional entre vosotros esté muy desgastado, o incluso roto. En estos casos, no deberíais precipitaros. Es preferible no tomar decisiones impulsivas que lamentéis después. Durante el proceso terapéutico descubriremos lo que está ocurriendo verdaderamente en vuestra relación para poder resolverlo.
Una pareja feliz no es aquella que no tiene crisis ni conflictos, sino aquella que aprende a enfrentarse a ellos, los gestiona y resuelve eficazmente.
Tener en cuenta que no todos los problemas que os surjan en vuestra relación se tratan en una terapia conjunta de pareja. En ocasiones, es necesario que uno de los miembros de la pareja o ambos, haga un trabajo terapéutico individual porque ahí reside la clave para resolver el conflicto o malestar.
La terapia es una experiencia reparadora que te cambia la vida
Al concluir el tratamiento consigues:
Nuestra manera de entender el trabajo psicoterapéutico es ayudarte a resolver tu malestar para que puedas alcanzar lo antes posible el bienestar que necesitas, mejorando tu calidad de vida de forma duradera. Este es nuestro cometido, y la responsabilidad y compromiso que elegimos tener contigo.
Entendemos la psicoterapia como una experiencia transformadora capaz de cambiar la forma de verte a ti mismo y a los demás y de relacionarte con ellos.
Para que puedas entender mejor lo que para nosotros significa hacer un proceso terapéutico, nos gusta comparar nuestro proceso con un viaje que te lleva a vivir una experiencia emocional verdaderamente reparadora.
El primer paso de nuestro particular viaje es hacer una evaluación. No pretendemos encasillarte en un determinado cuadro patológico, sino organizar la información que nos proporcionas para poder establecer el foco adecuado y las metas terapéuticas. El segundo paso del viaje es diseñar una buena planificación, saber dónde vamos y cómo llegar sin rodeos a nuestro destino. El tercer paso es la intervención terapéutica.
Antes de embarcarnos en lo que es un viaje difícil o complejo, para sentirnos más seguros y con la menor tensión posible y conseguir llegar a nuestro verdadero destino, es conveniente planificar y preparar adecuadamente todo lo necesario para acometer con éxito nuestro viaje:
Al finalizar el viaje, a través de ese vínculo sagrado de confianza y seguridad que hemos creado entre nosotros, habrás aprendido a identificar, legitimar, regular y manejar tus emociones, pensamientos y conductas de una manera más sana y beneficiosa para ti y para tus relaciones.
Este tipo de viaje, con este guía en concreto, te habrá proporcionado una mirada interior, un verdadero autoconocimiento, te habrá provocado reflexión y facilitado el cambio y la transformación interior. Te habrás llevado valiosas experiencias, herramientas y nuevos recursos perdurables en el tiempo que te preparan para afrontar las situaciones complejas que puedan darse en cualquier otro reto que decidas acometer a partir de ahora, solo o en compañía de otros viajeros. Sin darte cuenta, tú mismo, te habrás convertido en un gran guía.
Puede ayudarte a despejar tus dudas sobre si la terapia es para ti o no, conocer cuáles son las problemáticas más frecuentes que trabajamos diariamente en la consulta.
En nuestras sesiones de terapia vas a encontrar solución a tus problemas:
¿Te identificas con alguna de esas situaciones? Si es así, ya NO tienes que afrontarlo tú solo.
Si te acompaña un sentimiento de malestar o insatisfacción prolongado y resta tu calidad de vida, es el momento de plantearte que la terapia es para ti.
No olvides que, como tú, todos nosotros nos hemos encontrado en un momento dado en una situación difícil en nuestra vida, y hemos necesitado recibir asesoramiento de un experto que nos ayudó a mitigar nuestro dolor, a recuperarnos y a conseguir lo que verdaderamente necesitábamos.
Da igual si eres hombre o mujer, no importa tu edad, ni a qué te dedicas en la vida, tampoco importa si tienes más o menos dinero ni más o menos estudios. La buena noticia es que cualquier persona puede beneficiarse de la terapia.
Como regla general, cuanto más tiempo duran los síntomas más se agravan los problemas y más cuesta erradicarlos. Cuanto más interfieran en tu vida diaria, más necesitarás recurrir a un tratamiento profesional.
La terapia te proporciona un gran alivio para tu malestar o sufrimiento.
Propone soluciones para todo aquello que te resulta inquietante, agotador, aterrador, espantoso…
Supone una transformación inimaginable.
En la actualidad, cada vez más personas van a terapia y la psicología está ya en boca de todos. Hacer terapia resulta algo de lo más natural. Afortunadamente ya no se asocia con tener problemas mentales, sino con reconocer que a veces carecemos de herramientas suficientes para afrontar situaciones difíciles que todos vivimos.
Seguro que alguna de estas dudas o parecidas te surgen. Puedes resolverlas en nuestras preguntas frecuentes.
En ocasiones, hay algunas personas a las que acudir a la primera sesión de terapia les supone cierta vergüenza. Puedes creer que lo estás haciendo mal. Te puede entrar miedo o temor a ser juzgado. A que te consideren más débil o incluso loco…
Puedes cuestionarte si “otros son más capaces que tú”. Incluso puedes llegar a pensar que eres un “desastre” o que has “fallado” como madre, padre, hijo, amigo, esposo, profesional… por no haberlo podido solucionar por ti mismo.
De la misma forma que no sientes que has fallado cuando no puedes reparar por ti mismo el coche, hacer terapia tampoco significa que hayas fallado. ¡Nada más lejos de la realidad! Es justo lo contrario: Las personas más fuertes y valientes se forjan a base de enfrentar retos.
Es completamente lógico y normal que sientas nervios, y que al principio te cueste un poco, tomar la decisión de iniciar un proceso de terapia. Nos pasa a todos.
Implica ponerte en manos de un desconocido y revelarle tus asuntos íntimos.
A todos nos asusta mirar dentro de nosotros mismos, por eso tendemos a minimizar la gravedad de nuestros problemas.
Tener el coraje de aceptar que necesitas ayuda es una señal de fortaleza y de inteligencia.
Involucrarte en una terapia demuestra que eres muchísimo más valiente, capaz y valioso de lo que tú crees aunque ahora no te sientas así. Y precisamente esto es una de las cosas que vas a poder averiguar y sentir en el proceso terapéutico.
Eres valiente por decidirte a venir, por atreverte a revelar tus asuntos íntimos, a descubrir lo que verdaderamente te sucede, por aceptar tus limitaciones, por reconocer tus carencias, por invertir tu tiempo y dinero para conseguir aquello que necesitas, por querer crecer y evolucionar, por hacer frente a tus problemas, por responsabilizarte en buscar soluciones eficaces, por no “echar balones fuera”, engañarte o culpar a los demás de tu malestar.
Una excelente manera de abordar tus temores es contarnos lo que te preocupa.
Tener el arrojo de superar esa ansiedad inicial puede brindarte una sensación de alivio, coraje y optimismo.
Pedir ayuda es el primer paso en el proceso para que puedas sentirte mejor.
Vale la pena porque cualquier persona puede beneficiarse de un proceso terapéutico. Si en algún momento tu calidad de vida no es la que deseas, no cabe duda de que la psicoterapia puede ayudarte enormemente.