Una pareja feliz no es aquella que no tiene conflictos, sino aquella que sabe afrontarlos y salir fortalecida de ellos. Hasta las parejas mejor avenidas y maduras pasan por momentos difíciles y tienen crisis.
Lamentablemente no es posible generalizar en asuntos de amor. Cada pareja es un mundo y por ello cada caso es completamente diferente. Además cada persona experimenta sus propias limitaciones a la hora de afrontar y abordar los conflictos que inevitablemente aparecen durante la relación de pareja.
Por ello, no existe un tiempo predefinido, ya que depende de diversos factores, como del problema a tratar en cuestión, de la gravedad, la frecuencia de las sesiones, la implicación de la pareja en el proceso terapéutico y de la cantidad de tiempo que llevéis arrastrando los conflictos, así como de la predisposición al cambio que tengáis ambos miembros de la pareja.
La duración de la terapia de pareja es variable, pero por daros una referencia puede oscilar entre unas pocas semanas y varios meses, incluso hasta un año.
Lo normal es que se realice una sesión a la semana y, a medida que avanza el proceso, estas se hagan cada dos semanas, mientras tanto la pareja irá llevando a la práctica las nuevas pautas de comportamiento y los “ajustes creativos” y demás recursos necesarios.
Hay que tener en cuenta que el amor no es una palabra ni un concepto abstracto; el amor se demuestra en conductas, actitudes, pensamientos y emociones. Hay todo un proceso de aprendizaje en el amor.
Transformar vuestra relación conflictiva, monótona o distante en fuente de cercanía, seguridad y confianza lleva algo de tiempo.