La palabra crisis significa “cambio inevitable”, se trata por tanto de un cambio necesario. Es por eso que a lo largo de cualquier relación sentimental es completamente normal e inevitable que toda pareja pase por diferentes etapas en las que se pueden encontrar ante situaciones diversas de crisis.
Es importante entender que nada puede permanecer inmóvil. Lo que no sufre ninguna transformación o bien no existe o está muerto. Las crisis tienen como finalidad remover la relación para poder seguir disfrutando del presente y de la novedad.
La mayoría de las parejas atraviesan varias crisis a lo largo de su relación, un estado en el cual es imprescindible que se produzca un cambio en el estado de las cosas. De hecho, las crisis suelen provocar una tensión que demanda una transformación en los comportamientos y hábitos que la pareja ha ido poniendo en práctica.
Las crisis nos permiten crecer como pareja y nutrir nuestra relación.
Cualquier tipo de relación sentimental tiene que reactualizarse a través de las crisis y los conflictos. Se trata de descubrir y construir juntos los nuevos significados en lugar de permanecer estancados.
La novedad es nutritiva es por ello que las crisis de pareja son necesarias y positivas para el crecimiento y la reactualización de la pareja. Son la oportunidad que nos brinda cada relación de crecer personalmente y de hacer más profunda e imperecedera la relación.
Las crisis de pareja suelen aparecer cuando hay conflictos sin resolver o ansiedad acumulada y ninguna de las dos partes se siente preparada o con fuerzas para solucionarlo.
Aunque las crisis de pareja puedan suponer un alto grado de incertidumbre y ansiedad no tienen por qué conducir irremediablemente a la ruptura. Al contrario, la mayoría de las veces, sirven para poder satisfacer necesidades y pueden ser una gran oportunidad para que ambos miembros se conozcan mejor y para que la relación salga reforzada y el vínculo de unión más fortalecido que antes de la crisis.
Toda crisis supone una oportunidad de oro para que cada uno madure como persona y se revalorice como sujeto afectivo a los ojos del otro.
Las “crisis de transición” son especialmente positivas, ya que tienen la función de permitirle a la pareja pasar a la siguiente etapa de su vida realizando los cambios necesarios en su forma de relacionarse.
Sin embargo, generalmente, las parejas no entienden los conflictos ni tampoco las crisis como algo positivo y creativo, como un paso adelante nutritivo en la relación, sino que las viven como algo peligroso y desestabilizador, como el fin de la relación.
Así, en lugar de mantener el compromiso y luchar juntos para manejar la crisis, tienden a evitarla con diferentes reacciones; atacando como forma de defensa, negando la situación, evadiendo el tema o reprochando, culpando y peleando entre sí, uno contra el otro. Es insostenible seguir haciendo lo mismo que antes. Ninguna de estas posiciones ayudará a solventar la crisis.
Con el tiempo, si la comunicación o la solución no llegan, la pareja se va distanciando y puede llegar a romperse. Terminar definitivamente con la relación ante los primeros síntomas de crisis no suele ser una opción inteligente ya que lo más normal es que, tarde o temprano, los problemas que dieron origen al conflicto se repitan nuevamente en la siguiente relación.
El fin de la relación no tiene por qué llegar si ambos sois capaces de incorporar nuevos recursos en vuestro día a día de pareja, asumiendo y afrontando los inevitables cambios, haciendo los ajustes creativos necesarios logrando así superar la crisis.
¿Pensáis que podéis estar inmersos en una crisis y que no disponéis de los conocimientos y recursos necesarios para abordarla eficazmente? Si es así, es el momento de solicitar ayuda profesional. Os ofrecemos soluciones que funcionan para resolver vuestros problemas de pareja.
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