Trastorno de Estrés Postraumático

Huir del pasado no cura el dolor, lo empeora.

¿Experimentas a menudo los siguientes síntomas?

  • ¿Tienes recuerdos recurrentes del mismo acontecimiento en forma de imágenes, pensamientos o sueños que te provocan mucho malestar?
  • ¿Tienes la sensación de estar reviviendo un suceso traumático como si estuviera ocurriendo en el presente?
  • ¿Evitas constantemente todo lo que te recuerda ese acontecimiento perturbador como sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas, etc.?
  • ¿Te sientes incapaz de recordar aspectos importantes del acontecimiento traumático?
  • ¿Padeces con frecuencia sobresaltos o ataques de pánico?
  • ¿Tienes dificultades para conciliar el sueño y para concentrarte?
  • ¿Notas que estás habitualmente en estado de alerta, hiper-vigilando?
  • ¿Te sientes a menudo irritado o tienes ataques de ira?
  • ¿Hay ciertos estímulos internos o externos relacionados con el suceso traumático que te provocan un intenso malestar psicológico y que van acompañados de respuestas fisiológicas muy desagradables?

Si tu respuesta es afirmativa en varias de las preguntas, es muy probable que puedas estar sufriendo un trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).

A lo largo de la vida nos vemos obligados a enfrentar diferentes situaciones que pueden provocarnos un desequilibrio y dar lugar a diferentes trastornos o problemas psicológicos. Lo normal es que absolutamente todos hayamos tenido en algún momento de nuestras vidas alguna experiencia traumática. La mayoría de las personas, a medida que van pasando los años, acumulan recuerdos traumáticos reforzados además, por otras experiencias negativas.

La buena noticia es que de ninguna manera estamos destinados a permanecer  traumatizados para el resto de nuestras vidas. Gracias a las técnicas  revolucionarias que hoy en día utilizamos en el tratamiento de este trastorno, el cambio es más que posible.

Recuperar tu equilibrio y bienestar es fácil si cuentas con el apoyo psicológico adecuado

¿Qué es el Trastorno de Estrés Postraumático?

Se define como la exposición a una situación traumática que implica un daño significativo físico, emocional o psicológico para la seguridad de una persona o sus seres queridos. Supone una grave amenaza para la vida. Este tipo de trauma se refiere a eventos que conllevan sentir un temor profundo, horror o intensa desesperanza. En estos casos, la ansiedad o el pánico aparecen cuando te expones a cualquier estímulo que te recuerde al evento traumático, los cuales tratas de evitar a toda costa. El problema es que cuanto más intentas dejar de sentir esa ansiedad o dolor, se produce un efecto rebote que aumenta tus síntomas.

El malestar psicológico que puedes llegar a sentir tras la exposición a un evento traumático o muy estresante es variable. En algunos casos, los síntomas se pueden entender dentro de un contexto basado en el miedo y la ansiedad. Otras veces aparecen síntomas de anhedonía (incapacidad para experimentar placer) y disforia (tristeza o estado de ánimo depresivo), exteriorizados como enfado u hostilidad.

Este trastorno se suele manifestar a través de un estado general de activación, que implica síntomas como las dificultades para dormir, irritabilidad o déficit de concentración. Las personas que padecen Estrés Postraumático a menudo experimentan niveles elevados de ansiedad, respuestas de sobresalto exageradas, sentimientos continuos de pánico, comportamientos evitativos, alteraciones cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso. Es frecuente también que aparezcan pesadillas y recuerdos recurrentes del suceso perturbador.

El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se puede presentar en adultos, adolescentes y menores a partir de 6 años.

Nos encontramos habitualmente con este tipo de trastorno en todas aquellas personas que han vivido experiencias tremendamente perturbadoras que han marcado su personalidad como un desastre natural, un  accidente grave, un abuso sexual o de otro tipo, una agresión severa, cualquier experiencia trágica, etc. Es muy frecuente que lo sufran ex combatientes de guerra y  militares en activo que han vivido situaciones de mucho peligro.

Cuando el acontecimiento perturbador ha sido provocado por personas como en el caso de secuestros, violaciones, agresiones, etc., los síntomas tienden a ser más persistentes que cuando son debidos a causas naturales (catástrofes naturales, accidentes no provocados). Además, si el trauma lo ha generado una persona implica en mayor o menor medida una dosis considerable de vergüenza y culpa por parte de la víctima.

A veces sucede que el trauma comienza transcurridos más de seis meses desde que ocurrió el suceso perturbador. Con frecuencia la reacción inicial de una persona a un suceso traumático es diagnosticada como un trastorno de estrés. Si la sintomatología se mantiene o bien evoluciona durante más de un mes, podemos hablar de un Trastorno de Estrés Postraumático. Se considera Estrés Postraumático agudo cuando los síntomas duran menos de tres meses y de tipo crónico cuando exceden este periodo.

Muchas personas manifiestan síntomas disociativos. La disociación implica experimentar una desconexión entre tu mente y la realidad del momento presente.

La disociación relacionada con las experiencias traumáticas supone una deficiencia en la cohesión (unión, coherencia) y por tanto en la flexibilidad de nuestra manera de percibir, sentir, afrontar y actuar en el mundo.

A todos nos pasa que en ocasiones nos desconectamos, no recordamos por ejemplo parte del recorrido que hicimos del trabajo a casa. Bien porque nos preocupaba algo en exceso o bien por ir completamente distraídos. Por tanto todos podemos disociarnos. Sin embargo, otras formas de disociación mucho más severas provocan una gran ruptura entre las sensaciones y las percepciones de los hechos de la vida. En los casos más graves hay auténticas lagunas de amnesia en relación con la experiencia. Así, es posible incluso haber sufrido una agresión sexual y no recordarlo. No recuerdas el hecho en sí pero sí padeces todos los síntomas físicos y psicológicos asociados a ese suceso traumático.

Los trastornos disociativos tienen un origen traumático, son secundarios a experiencias traumáticas prolongadas y repetidas, y se suelen iniciar en la infancia. El abuso crónico y grave (psicológico, físico y sexual), el abandono durante la infancia, una pérdida precoz importante, una enfermedad médica grave o sucesos estresantes abrumadores son algunos ejemplos.

En la infancia, a medida que el niño se desarrolla, la exposición a estas experiencias traumáticas puede tener efectos duraderos sobre la capacidad de la persona para construir una identidad única, de manera que se aprende a integrar diversos y complicados tipos de información y experiencias en una única identidad personal cohesionada y compleja. Estos niños desarrollan una mayor capacidad de escapar a las vivencias dolorosas “retirándose” en su propia mente.

Con todo lo expuesto anteriormente, si crees que tienes un Trastorno de Estrés Postraumático o bien observas estos síntomas en tus seres queridos te recomendamos nos consultes lo antes posible para averiguar si en tu caso concreto es necesario comenzar un tratamiento terapéutico.

Si permites que los síntomas postraumáticos persistan, puedes volverte más vulnerable y desarrollar otros trastornos psicológicos. Ten en cuenta que los problemas no tratados suelen continuar y empeorar, y pueden generarte nuevos problemas. Las consecuencias de no recibir el tratamiento que necesitas pueden ser peligrosas.

Siempre es mejor buscar ayuda profesional al inicio de la problemática

 que esperar a que las dificultades sean demasiado graves.

¿Cómo es nuestro tratamiento para el Estrés Postraumático?

Lamentablemente te ha ocurrido una desgracia, te han herido pero no te han destruido. Lo que te ha sucedido no se puede borrar. Pero lo que sí se puede hacer es reparar las secuelas que el trauma ha dejado en tu cuerpo, tu mente y tu mundo emocional.

Contamos con los medios y experiencia necesaria para el tratamiento del Estrés Postraumático porque estamos especializados en trauma simple y complejo. Dominamos distintas técnicas que pueden ayudarte a:

  • Sentirte más tranquilo, equilibrado, sereno y centrado.
  • Poner fin a tus recuerdos traumáticos y a los terribles flashbacks.
  • No tener obligatoriamente que guardar secretos sobre ti o tu vida.
  • Reconectarte de nuevo con tu vida y sentirse seguro y confiado para que puedas interactuar de forma adecuada con las situaciones y personas que te rodean.
  • Recuperar la sensación de control sobre ti mismo y poder disfrutar de nuevo de la vida.

Aplicamos técnicas innovadoras y más eficientes que

 mejoran los resultados

 y reducen el tiempo de duración del tratamiento

Utilizamos métodos innovadores de curación, mucho más eficaces que los tradicionales, donde integramos la estimulación de los tres cerebros.

EMDR o desensibilización y reprocesamiento de la información es una técnica super eficaz que permite acceder a los recuerdos sin que te abrumen y así poder integrarlos como algo perteneciente al pasado. Gracias a esta revolucionaria herramienta obtenemos cambios profundos en pocas sesiones.

La práctica del Mindfulness te ayudará a dejar de luchar y aceptar lo que te ocurrió, para poder pasar página de forma sana, te facilitará la conexión con el aquí y ahora para que puedas superar el pasado.

La Integración del Ciclo Vital es una herramienta altamente efectiva para el tratamiento del TEPT y otros trastornos. A través de una línea del tiempo de recuerdos o imágenes, te permite dejar atrás tus patrones neuronales defensivos y crear otros nuevos más útiles y adaptativos.

Nuestro tratamiento no sólo se centra en que superes el Estrés  Postraumático y logres hacerte más resistente frente al mismo; sino que consigas una recuperación integral de tu organismo. El objetivo  final es generar los recursos necesarios para que puedas mantener los logros obtenidos y prevenir recaídas futuras.

En los casos más graves, en los que además del tratamiento terapéutico sea preciso recurrir a la medicación, ponemos a tu disposición un servicio de psiquiatría que se encarga de recetarte la medicación más apropiada para aliviar tu sintomatología y de llevar regularmente un control para ajustar la dosis de forma óptima.

Con nuestra manera de abordar el trabajo psicoterapéutico

 no solo logras recuperar tu equilibrio integral

 sino que fortaleces tu salud psicológica y emocional de forma duradera

La terapia es una experiencia reparadora que te cambia la vida
Al concluir el tratamiento consigues:

Herramientas para el futuro

Resultados duraderos

En el menor tiempo posible

Contacto

¿A qué podría parecerse hacer terapia? Imagínatela como un viaje reparador...

Nuestra manera de entender el trabajo psicoterapéutico es ayudarte a resolver tu malestar para que puedas alcanzar lo antes posible el bienestar que necesitas, mejorando tu calidad de vida de forma duradera. Este es nuestro cometido, y la responsabilidad y compromiso que elegimos tener contigo.

Entendemos la psicoterapia como una experiencia transformadora capaz de cambiar la forma de verte a ti mismo y a los demás y de relacionarte con ellos.

Para que puedas entender mejor lo que para nosotros significa hacer un proceso terapéutico, nos gusta comparar nuestro proceso con un viaje que te lleva a vivir una experiencia emocional verdaderamente reparadora.

El primer paso de nuestro particular viaje es hacer una evaluación. No pretendemos encasillarte en un determinado cuadro patológico, sino organizar la información que nos proporcionas para poder establecer el foco adecuado y las metas terapéuticas. El segundo paso del viaje es diseñar una buena planificación, saber dónde vamos y cómo llegar sin rodeos a nuestro destino. El tercer paso es la intervención terapéutica.

Antes de embarcarnos en lo que es un viaje difícil o complejo, para sentirnos más seguros y con la menor tensión posible y conseguir llegar a nuestro verdadero destino, es conveniente planificar y preparar adecuadamente todo lo necesario para acometer con éxito nuestro viaje:

  • Sabemos dónde queremos ir y por qué necesitamos hacer el viaje.
  • Determinamos si el viaje es completamente realista, teniendo en cuenta el tiempo, la energía y los recursos que disponemos, así como el nivel de riesgo.
  • Disponemos de un buen mapa de carreteras: nuestro tratamiento terapéutico.
  • Hacemos un balance de los puntos fuertes y débiles (tanto de los nuestros como psicoterapeutas como de los tuyos como cliente). Identificamos los aspectos problemáticos y los recursos potenciales con los que contamos para apoyarnos en ellos durante el viaje.
  • El trabajo de un guía es, entre otras cosas, conocer a la perfección todo lo relativo al viaje. Por eso, como guías, tenemos conocimientos específicos sobre viajar (especialmente somos expertos en cómo movernos por territorios poco conocidos o peligrosos). Nuestra profesionalidad y credibilidad como guías de viaje está asegurada.
  • Nos preparamos para todas las sorpresas y posibles incidencias que nos pudiéramos encontrar por el camino: como controles de carretera, desvíos y peligros (sabiendo de antemano cómo responder a todos ellos).
  • Nos preocupamos de disponer de todo lo que emocionalmente hace falta para resultar unos buenos compañeros de viaje, sin juzgarte, ni criticarte ni aconsejarte: haciéndote sentir seguro, comprendido, tranquilo, confiado, estimulado y en todo momento apoyado para que puedas aprovechar y nutrirte del viaje lo máximo posible.
  • Establecemos el ritmo necesario que es el adecuado para este viaje concreto.
  • Es más probable que no nos perdamos y que el viaje tenga éxito cuando se va acompañado de un guía experto en el territorio. No obstante, en el supuesto caso de que nos perdiéramos, sabemos lo qué debemos hacer exactamente.
  • El guía (psicoterapeuta) desempeñará un rol activo para evitar la dispersión y para mantenerse dentro de los límites del foco terapéutico que nos asegurará la llegada a nuestro destino.
  • Sabemos cuándo hemos llegado al destino o cuándo hemos hecho un recorrido “suficiente” para ti (teniendo en cuenta tus deseos de hasta dónde quieres llegar exactamente, evitando hacer un viaje terapéutico largo y profundo si no es eso lo que verdaderamente deseas).
Algunos viajes suponen descubrir un nuevo mundo interno y externo

Al finalizar el viaje, a través de ese vínculo sagrado de confianza y seguridad que hemos creado entre nosotros, habrás aprendido a identificar, legitimar, regular y manejar tus emociones, pensamientos y conductas de una manera más sana y beneficiosa para ti y para tus relaciones.

Este tipo de viaje, con este guía en concreto, te habrá proporcionado una mirada interior, un verdadero autoconocimiento, te habrá provocado reflexión y facilitado el cambio y la transformación interior. Te habrás llevado valiosas experiencias, herramientas y nuevos recursos perdurables en el tiempo que te preparan para afrontar las situaciones complejas que puedan darse en cualquier otro reto que decidas acometer a partir de ahora, solo o en compañía de otros viajeros. Sin darte cuenta, tú mismo, te habrás convertido en un gran guía.

La buena psicoterapia, como los buenos viajes, te transforma por dentro y se nota por fuera

Puede ayudarte a despejar tus dudas sobre si la terapia es para ti o no, conocer cuáles son las problemáticas más frecuentes que trabajamos diariamente en la consulta.

En nuestras sesiones de terapia vas a encontrar solución a tus problemas:

  • Cuando tienes un problema y no puedes parar de darle vueltas en tu cabeza y está interfiriendo en tu vida cotidiana.
  • Cuando te cuesta expresar lo que sientes y sólo lo racional te hace sentirte cómodo.
  • Cuando te sientes desbordado por tus emociones.
  • Cuando evitas todo lo que puedes los conflictos y prefieres ceder tú ante los demás.
  • Cuando te sientes insatisfecho y tienes la sensación de que te falta algo esencial para ti.
  • Cuando sufres con tus relaciones ya sean familiares, laborales, amorosas, sociales.
  • Cuando no consigues controlar tus impulsos.
  • Cuando te sientes aislado, criticado o rechazado por los demás. Cuando te sientes víctima.
  • Cuando sientes que “tú no puedes” y recurres a “depender compulsivamente” de otros.
  • Cuando te sientes inseguro, cuando te exiges demasiado o cuando no te gusta cómo eres realmente y tu autoestima se ve mermada.
  • Cuando te sientes confuso y te cuesta muchísimo tomar decisiones.
  • Cuando quieres aprender a resolver mejor tus conflictos internos y externos.
  • Cuando te cuesta decir no y sientes temor a que los demás se enfaden o te rechacen.
  • Cuando deseas aprender habilidades para relacionarte mejor con los demás porque te cuesta crear, mantener, posicionarte o romper relaciones.
  • Cuando has estado deprimido, ansioso, inseguro, bloqueado o enojado desde hace tiempo y ya no quieres seguir así más tiempo.
  • Cuando tienes problemas laborales, te sientes desmotivado, incapaz o sufres acoso laboral
  • Cuando lamentablemente padeces una enfermedad que interfiere en tu bienestar.
  • Cuando no te sientes bien contigo mismo porque ocupa demasiado espacio en tu vida la tristeza, el estrés, la ansiedad, el miedo, la preocupación o la vergüenza.
  • Cuando tu pasado te atormenta y tu futuro te asusta y te impide disfrutar del presente.
  • Cuando has perdido la ilusión por la vida y te cuesta disfrutar de las cosas.
  • Cuando atraviesas problemas puntuales como la pérdida de un trabajo, la crianza o la partida de los hijos. Cuando te enfrentas a una pérdida por la muerte de un ser querido. Cuando te encuentras en una situación de crisis vital. Cuando deseas perder peso y no lo consigues por ti mismo. Cuando te sientes abrumado por un nuevo empleo. Cuando te agobian en exceso las responsabilidades…

¿Te identificas con alguna de esas situaciones? Si es así, ya NO tienes que afrontarlo tú solo.

Si te acompaña un sentimiento de malestar o insatisfacción prolongado y resta tu calidad de vida, es el momento de plantearte que la terapia es para ti.

No olvides que, como tú, todos nosotros nos hemos encontrado en un momento dado en una situación difícil en nuestra vida, y hemos necesitado recibir asesoramiento de un experto que nos ayudó a mitigar nuestro dolor, a recuperarnos y a conseguir lo que verdaderamente necesitábamos.

Da igual si eres hombre o mujer, no importa tu edad, ni a qué te dedicas en la vida, tampoco importa si tienes más o menos dinero ni más o menos estudios. La buena noticia es que cualquier persona puede beneficiarse de la terapia.

Como regla general, cuanto más tiempo duran los síntomas más se agravan los problemas y más cuesta erradicarlos. Cuanto más interfieran en tu vida diaria, más necesitarás recurrir a un tratamiento profesional.

La terapia te proporciona un gran alivio para tu malestar o sufrimiento.

Propone soluciones para todo aquello que te resulta inquietante, agotador, aterrador, espantoso…

Supone una transformación inimaginable.

¿Tienes dudas o temores ante hacer terapia?

En la actualidad, cada vez más personas van a terapia y la psicología está ya en boca de todos. Hacer terapia resulta algo de lo más natural. Afortunadamente ya no se asocia con tener problemas mentales, sino con reconocer que a veces carecemos de herramientas suficientes para afrontar situaciones difíciles que todos vivimos.

Las grandes personas como tú, también necesitan sentirse apoyadas
A la hora de iniciar una terapia, te pueden surgir dudas como estas:
  • ¿Tiene solución lo que a mí me pasa?
  • ¿Es terapia lo que yo necesito?
  • ¿Voy a perder mi tiempo y mi dinero?
  • ¿Me van a cambiar mi personalidad?
  • ¿Creerán que estoy peor de lo que estoy?
  • ¿Voy a descubrir cosas que no sé si quiero saber?
  • ¿Acertaré con el terapeuta?
  • ¿Qué pensará el terapeuta de mí?
  • ¿Se enterará alguien de lo que cuento o será totalmente confidencial?
  • ¿Y mi familia y amistades, qué les voy a decir?
  • ¿Pensarán que estoy peor porque voy a terapia?
  • ¿Me juzgarán?

Seguro que alguna de estas dudas o parecidas te surgen. Puedes resolverlas en nuestras preguntas frecuentes.

En ocasiones, hay algunas personas a las que acudir a la primera sesión de terapia les supone cierta vergüenza. Puedes creer que lo estás haciendo mal. Te puede entrar miedo o temor a ser juzgado. A que te consideren más débil o incluso loco…

Puedes cuestionarte si “otros son más capaces que tú”. Incluso puedes llegar a pensar que eres un “desastre” o que has “fallado” como madre, padre, hijo, amigo, esposo, profesional… por no haberlo podido solucionar por ti mismo.

De la misma forma que no sientes que has fallado cuando no puedes reparar por ti mismo el coche, hacer terapia tampoco significa que hayas fallado. ¡Nada más lejos de la realidad! Es justo lo contrario: Las personas más fuertes y valientes se forjan a base de enfrentar retos.

Es completamente lógico y normal que sientas nervios, y que al principio te cueste un poco, tomar la decisión de iniciar un proceso de terapia. Nos pasa a todos.

Implica ponerte en manos de un desconocido y revelarle tus asuntos íntimos.

Es una experiencia totalmente nueva que te puede conectar con tu vulnerabilidad, con una sensación de vergüenza y cierta minusvalía, conectarte con tus miedos, carencias e inseguridades.

A todos nos asusta mirar dentro de nosotros mismos, por eso tendemos a minimizar la gravedad de nuestros problemas.

Tener el coraje de aceptar que necesitas ayuda es una señal de fortaleza y de inteligencia.

Involucrarte en una terapia demuestra que eres muchísimo más valiente, capaz y valioso de lo que tú crees aunque ahora no te sientas así. Y precisamente esto es una de las cosas que vas a poder averiguar y sentir en el proceso terapéutico.

Las personas que acudís a terapia sois mucho más valientes, nobles y responsables.

Eres valiente por decidirte a venir, por atreverte a revelar tus asuntos íntimos, a descubrir lo que verdaderamente te sucede, por aceptar tus limitaciones, por reconocer tus carencias, por invertir tu tiempo y dinero para conseguir aquello que necesitas, por querer crecer y evolucionar, por hacer frente a tus problemas, por responsabilizarte en buscar soluciones eficaces, por no “echar balones fuera”, engañarte o culpar a los demás de tu malestar.

Una excelente manera de abordar tus temores  es contarnos lo que te preocupa

Tener el arrojo de superar esa ansiedad inicial puede brindarte una sensación de alivio, coraje y optimismo.

Pedir ayuda es el primer paso en el proceso para que puedas sentirte mejor.

Vale la pena porque cualquier persona puede beneficiarse de un proceso terapéutico. Si en algún momento tu calidad de vida no es la que deseas, no cabe duda de que la psicoterapia puede ayudarte enormemente.