Existen situaciones que pueden darnos pistas de que estamos pasando por una crisis de pareja:
- Pérdida de intimidad. Carencias afectivas. Indiferencia y actitud pasiva.
- Falta de interés y de implicación.
- Discusiones constantes y cada vez más intensas. O bien apenas se discute ya, porque ninguno confía en que se vaya a solucionar nada.
- Escasas relaciones sexuales. Falta de deseo. Infidelidades. Celos. Inseguridades.
- Dificultades en la comunicación. Temas que se enquistan y se convierten en tabú.
- Continuamente aparecen críticas despectivas.
- Sentís que camináis en direcciones opuestas. Ya no hacéis prácticamente nada juntos.
- Cuando hay una sensación de incomodidad y de irascibilidad permanente con todo lo que hace o dice el otro. Solo te fijas en sus defectos.
- Disminución de momentos positivos compartidos.
- Diferencias significativas en temas importantes como educación de los hijos, economía, relaciones de poder, costumbres culturales, grados de implicación y compromiso, reparto equitativo de las tareas del hogar…
Una pareja feliz con una relación sólida no es aquella que no tiene crisis ni conflictos, sino aquella que aprende a enfrentarse a ellos, los gestiona y resuelve eficazmente.
La pareja es un universo muy complejo donde ambos miembros evolucionan de distinta manera y las circunstancias de ambos son cambiantes. Además a todo ello hay que sumarle los estresores externos que también afectan considerablemente a todas las relaciones. Los seis estresores externos más comunes que representan piedras candentes incluso para las parejas más felices son: hijos, estrés laboral, familia política, dinero, sexo y labores del hogar.
Lo normal es que cualquier pareja pase por un momento de crisis e incluso atraviese varias crisis a lo largo de su relación. Es frecuente que esto ocurra sin que ninguno de los dos lo desee, y sin que sepan cómo evitarlo. Lo habitual es que la pareja aún se quiera pero que el vínculo emocional que les une esté muy deteriorado o a veces incluso roto.
Toda convivencia deteriora hasta cierto punto la calidad de los afectos que la originaron. Por tanto, tarde o temprano, prácticamente todas las parejas sufren crisis en las que se replantean la convivencia.
A todos nos asusta sentir que nuestra relación de pareja ya no funciona, sin embargo, por mucho que nos queramos engañar, es muy difícil dejar de pensarlo/sentirlo. Si estáis pasando por una crisis de pareja, es fácil que podáis sentir que…
- Cuando discutís, a menudo perdéis los papeles y no arregláis nada. Os dais cuenta de que tenéis problemas y que cada vez estáis más y más distanciados. Tenéis miedo de que se rompa no solo la relación sino la familia.
- Vuestra vida sexual es casi inexistente o insípida y no parece que esto vaya a cambiar.
- Sentís frustración, rencor, hay asuntos que no lográis dejar atrás y que vuelven a salir una y otra vez cuando menos lo esperáis.
- Pensabas que dejando pasar el tiempo las cosas iban a volver a ser como antes pero te das cuenta de que vuestra relación está estancada y que incluso podría ir a peor.
- Tú tienes muy claro lo que necesitan tus hijos pero tu pareja no lo ve igual, mientras tanto los niños no están bien y no sabes qué hacer. O a la inversa.
- El ambiente en casa se hace irrespirable y muchos días preferirías hasta quedarte en el trabajo o estar en cualquier otro lugar.
- La relación con tu familia política es insostenible, tu pareja sufre y no lográis resolverlo. O a la inversa.
Si detectáis estos u otros síntomas parecidos, es más que posible que necesitéis urgente la ayuda profesional de un experto en terapia de pareja.
Las crisis de pareja son cambios inevitables en la relación que pueden deberse tanto a factores externos como internos.
Conviene saber que una crisis normalmente no irrumpe de manera repentina en la pareja sino que es un proceso paulatino. De hecho, los sucesos por venir se anuncian siempre mediante sus ecos.
Toda crisis puede regenerar a la pareja, o llevarla a su disolución, pero en ambos casos sirve para clarificar sus sentimientos y contribuir a su maduración personal.
El hecho de acudir a terapia, ya sea individual o de pareja, nunca debería estar sujeto a ningún tipo de prejuicio puesto que hay circunstancias y momentos concretos en la vida en los que todos podemos necesitar ayuda profesional.
El tiempo NO cura, lo que cura es lo que hacemos con el tiempo.
¿Es tan grave la crisis como para acudir a Terapia de Pareja?
En general, todas las personas tendemos a subestimar la gravedad de nuestros problemas. Pensar que la pareja no funciona es algo tan difícil de asumir que preferimos ignorarlo. Solemos engañarnos atribuyendo las dificultades a cambios propios de las distintas etapas por las que pasan las parejas a lo largo de la relación.
Muchas veces no es tan evidente que necesitemos ayuda profesional. Lo normal, incluso en las parejas más felices, es que existan diferencias, pero muchas veces, estas discrepancias de opinión y de conductas van creciendo progresivamente. La situación va deteriorándose gradualmente a lo largo del tiempo y ni siquiera nos damos cuenta de su existencia hasta el punto de estallar irremediablemente en una grave crisis. Otras veces, se trata de un cambio tan inesperado, que no sabemos cómo asumir ni manejar. Entonces la pareja comienza de pronto a plantearse seriamente si su relación tiene o no futuro.
En los problemas de pareja los dos sois parte del problema y los dos parte de la solución.
Llegados a este punto, la crisis ha estallado. La sensación de fracaso irrumpe y es absolutamente normal sentirse incapaz por uno mismo de salir de este ciclo destructivo y desarrollar nuevas maneras de relacionaros sanamente.
Cuando una pareja no logra resolver sus conflictos, y estos dejan de ser aislados, agravándose cada vez más. Se convierten en peleas constantes, también cuando sostienen las mismas disputas una y otra vez, moviéndose en círculos sin resolver nada, viendo que no avanzan, sintiéndose cada vez más frustrados y más aferrados en su posición. Ahí es cuando sin lugar a dudas se requiere tratamiento profesional para poder salir de este círculo tóxico.
Ocurre muy a menudo que cuando la relación de pareja estalla en una grave crisis, es cuando algunas personas deciden acudir a consulta en busca de una solución rápida y mágica para sus problemas. Una crisis de pareja constituye una situación extremadamente compleja, por lo que no se puede resolver rápidamente con una serie de “consejos express”.
Todas las parejas tenéis problemas, conflictos y crisis muy similares.
La solución a los problemas no depende tanto de su gravedad como de la capacidad para gestionarlos con habilidad.
En la realidad cotidiana es difícil aislar unos problemas de otros, porque todos suelen reforzarse recíprocamente y cada uno, en sí mismo, es un factor de riesgo, para la aparición de los demás; lo cual hace que sea muy común que sucedan crisis concatenadas, en las que una primera causa incorpora progresivamente a las demás, hasta convertir en grave un problema que en sus inicios podría ser fácilmente resuelto.
Un ejemplo de crisis concatenada sería: Una persona que empieza a tener un problema de celos con su pareja, esto provoca en el otro miembro de la pareja que comience a mentir para evitar conflictos mayores, la mentira provoca incomunicación en la pareja, de la incomunicación al enamoramiento alternativo o a la infidelidad y de la infidelidad a la crisis de pareja y de la crisis a una posible ruptura.
Debéis manteneros alerta, para intervenir rápidamente cuando aparece un conflicto. Porque si dejáis que evolucione y se vuelva crónico, vuestros sentimientos pueden deteriorarse hasta un punto en el que se haga inviable la relación.
Siempre es mejor buscar ayuda profesional al inicio de la problemática que esperar a que las dificultades sean demasiado graves. Indudablemente es la forma más inteligente y eficiente de enfrentarse a los problemas de pareja.
Es un hecho que las parejas que dejan pasar menos tiempo desde los primeros indicios de los problemas, suelen encontrar mejores soluciones en menos sesiones terapéuticas. Los problemas no tratados suelen continuar y empeorar, y pueden generar nuevos problemas. Las consecuencias de no recibir el tratamiento que necesitáis pueden ser peligrosas. Cuanto antes consultéis con un experto en terapia de pareja, más fácil y rápido será y antes lograreis recuperar el equilibrio y bienestar. Más oportunidades tendréis de que la relación salga reforzada y el vínculo de unión más fortalecido.
Podréis transformar vuestra relación conflictiva, monótona o distante en fuente de cercanía, seguridad y confianza.
¿Sabías que, según datos de la OCDE, el 75,6% de las parejas en el mundo occidental reconocen «llevarse mal o muy mal»? Es evidente que hay mucho camino por recorrer para mejorar en las relaciones de pareja.