¿Sufres por asuntos amorosos?

Se hace necesaria la ayuda profesional, si te identificas con varias o alguna de estas situaciones:

  • Cuando sientes peligrar tu relación por culpa de los celos o la inseguridad.
  • Cuando te sientes culpable por ser infiel o dañar a tu pareja de cualquier otra forma pero no puedes evitarlo.
  • Cuando te ves arrastrado por relaciones tóxicas (dependencia emocional, maltratos, abusos, drogas, alcohol).
  • Cuando te encuentras anclado en una relación pasada sin poder pasar página.
  • Cuando por más que lo intentas no logras cambiar lo que no te gusta de ti mismo, y acabas repitiendo una y otra vez los mismos errores en tus relaciones.
  • Cuando a menudo sufres dudas constantes en el amor, no sabes si quieres o no a tu pareja.
  • Cuando necesitas aclararte sobre si deseas o no continuar con tu relación de pareja.
  • Cuando quieres dejar a tu pareja pero no te atreves a romper definitivamente.
  • Cuando tu pareja no se anima a hacer terapia de pareja contigo y tú quieres resolver definitivamente vuestros problemas.
  • Cuando ya has decidido separarte de tu pareja pero deseas romper de la forma menos dolorosa y conflictiva posible.
  • Cuando la soledad te angustia y la sientes como una piedra tallada en tu corazón.
  • Cuando no te sientes correspondido ni seguro con tu pareja.
  • Cuando no tienes pareja, deseas tenerla pero no consigues encontrarla.
  • Cuando has sufrido varios fracasos sentimentales y reconoces que nunca has llegado realmente a confiar ni a abrirte verdaderamente a tus parejas.
  • Cuando sientes que tu relación se tambalea porque tú o tu pareja, estáis constantemente priorizando a vuestras familias de origen.
  • Cuando evitas el compromiso que supone una relación sólida y vas saltando de relación en relación…

Entre las situaciones que generalmente pueden poner fin a una relación de pareja están:

  • Falta de comunicación o de amor.
  • Infidelidad.
  • Situaciones de maltrato.
  • Pérdida de intimidad.
  • Problemas económicos.
  • Diferencias insalvables en aspectos relevantes (costumbres, ideales, valores).
  • Monotonía.
  • Expectativas incumplidas.
  • Celos, desconfianza.

Además un factor a tener en cuenta es si la ruptura la han decidido los dos miembros de la pareja o si ha sido uno de ellos de forma unilateral el que decide romper la relación.

El fin de una relación amorosa suele llevar asociados sentimientos de dolor, fracaso, desesperación, enfado; así como baja autoestima y dudas relativas a la capacidad de volver a amar y ser correspondido. El problema es que estas reacciones pueden ser consideradas como normales dentro del proceso de lo que llamamos duelo.

Cuando hablamos del duelo nos referimos a una reacción de extremo dolor (aunque la persona lo vive como algo normal) que se produce de forma reactiva a la ruptura de una relación.

El duelo tiene como finalidad que la persona doliente se adapte a la pérdida y esta reacción de duelo va a incluir componentes de tipo psicológico, físico y social. En el caso del duelo por ruptura existe una diferencia importante en comparación con el duelo por un fallecimiento; y es que en el duelo tras una ruptura la persona puede mantener la esperanza de retomar la relación; mientras que en un duelo por fallecimiento entendemos la muerte como algo irreversible.

La pérdida de la relación no necesariamente tiene que terminar generando una depresión por amor, siempre y cuando se pueda elaborar la pérdida y para ello es fundamental entender ésta como un proceso de duelo en el que la persona debe pasar por las diferentes fases para asegurar una  adecuada resolución de la ruptura.

Si la persona atraviesa las diferentes etapas del duelo tras la ruptura diremos que ha resuelto de forma adecuada la pérdida. Pero si no lo hace, la situación emocional se puede complicar dando lugar a un cuadro depresivo, con las siguientes características:

  • Ánimo depresivo (sentimiento de tristeza y/o vacío).
  • Pérdida o aumento de peso.
  • Sensación de fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa.
  • Dificultades para concentrarte.
  • Incapacidad de disfrutar.
  • Ideas o pensamientos de muerte.
  • Insomnio o hipersomnia (aumento de la necesidad de dormir).

Cuando una relación de pareja llega a su fin, cuando definitivamente termina, pareciese que todo se fuese a derrumbar en pedazos y encima hay que comenzar de nuevo, adaptarse a una nueva realidad en la que la persona amada ya no está presente. Todo ello, puede generar trauma a nivel emocional puesto que cambia radicalmente la perspectiva de una vida en común con lo que todo ello implica (soledad, fin de la pertenencia, dejar de compartir amistades, intereses económicos, hobbies, desequilibrio a nivel social, familiar, etc.).

Ante estas circunstancias, no es de extrañar que en muchos de los casos se llegue a producir un cuadro de depresión tras una ruptura sentimental en el que a la persona le cuesta retomar rutinas de la vida ahora sin su pareja, le abordan sentimientos de tristeza profunda, falta de energía y pensamientos negativos obsesivos.

Aprender a encajar la ruptura de pareja es un paso fundamental, pero no siempre es fácil.

No hay ninguna duda de que las relaciones amorosas alteran nuestra bioquímica cerebral pero además, en las relaciones de pareja se generan fuertes vínculos de apego que hacen muy difícil continuar cuando la figura de apego que nos proporcionaba seguridad protección y fortaleza, se esfuma.

Esta pérdida puede ser nefasta especialmente en los casos en los que se da una alta dependencia emocional como pueden ser algunos trastornos de personalidad (Trastorno de Personalidad por Dependencia, Trastorno Límite de Personalidad).

El malestar emocional se manifiesta de formas muy diferentes dependiendo de las herramientas de aprendizaje, determinadas características de la personalidad y otros factores genéticos. Por eso, los síntomas de la depresión amorosa pueden ser distintos en cada persona.

Cuando hablamos de depresión por amor, de lo que hablamos realmente es de un proceso de duelo por la pérdida o el rechazo de la persona amada.

En general, los síntomas más comunes del duelo amoroso no difieren mucho de los de otras formas de duelo.

La depresión por amor es una de las situaciones más complejas para tratar, ya que cuando una persona se une a otra, comparten muchos sueños y anhelos.

Cuando se da la unión entre los dos componentes de la pareja, también surgen los planes y proyectos en conjunto, pero la depresión por amor, esto es, aquellas sensaciones asociadas a una ruptura pueden llegar a ser verdaderamente dramáticas para algunas personas.

Superar una depresión por amor se torna una tarea complicada para muchas personas, es por ello que solicitan ayuda psicológica. La sensación de vacío, bajo estado de ánimo, rumiación constante sobre la pérdida e incluso ideación suicida son en ocasiones síntomas asociados a una pérdida afectiva.

Existen apegos denominados inseguros que dan paso para que la relación termine de una manera más traumática de lo normal.

Esto se debe a los componentes afectivos que están presentes en la relación de la pareja. Esa persona, más que una pareja, se convierte en una «necesidad emocional» y pareciese ocupar un rol más allá del vínculo afectivo.

Como toda pérdida, la ruptura de la pareja implica un duelo ya que la otra persona se marcha y, en muchos casos, ni siquiera hay comunicación, lo cual pudiese exasperar la «depresión por amor».

La vida continúa, o al menos así parece, cuando la persona logra asimilar finalmente que el otro se ha marchado y no volverá, entonces aparece la oportunidad de trazar nuevos planes y seguir adelante.

Cuando los sentimientos son correspondidos, la persona se puede sentir eufórica; en otros casos, la atracción es tan fuerte que se puede sentir hasta el punto de desequilibrarte completamente.

Algunos amantes pueden volverse distraídos, poco confiables, irrazonables e incluso infieles. Cuando la relación llega a un final no deseado, se siente mucho dolor, tristeza y pérdida, incluso la persona puede deprimirse tanto que se aísla de la sociedad.

Sin embargo, detrás de estos comportamientos depresivos se esconde muchas veces la dependencia emocional, es un patrón psicológico en el que se siente la necesidad de que el otro asuma las responsabilidades de la vida de la pareja, se teme la separación, existen dificultades para tomar decisiones por sí mismo, temor de expresar sentimientos por miedo a la pérdida de apoyo o de aprobación, entre otros.

Quien sufre de dependencia emocional suele tener relaciones tóxicas. Sus sentimientos son desmesurados, poco adaptativos, con un gran temor de que la relación pueda terminar en cualquier momento, aun cuando no haya pruebas reales.

La persona con apego inseguro también puede dejar de pensar en sus necesidades y anularse a sí misma, a favor del otro, pues, tienden a ser sensibles a la aprobación de los actos de su pareja.

La dependencia emocional en sí es un rasgo en la forma de ser que comparten varias personalidades. No solo es propio de personas con mayor grado de dependencia sino que es fácil encontrar estados de ánimo extremadamente depresivos ante las rupturas de pareja en personas narcisistas.

Precisamente el sentimiento de vacío y la angustia a la separación, hace que las rupturas se conviertan en un hecho verdaderamente traumático.

En el fondo de la dependencia emocional también se esconde una autoestima baja y un grado alto de inseguridad. Hay miedo de quedarse solo, lo cual afecta de manera negativa a la relación.

En resumen, la persona con dependencia emocional presenta una autoestima baja, tienen pocos criterios para escoger una relación de pareja, se deprimen o sienten ansiedad, no pueden tomar decisiones por sí mismos, no asumen responsabilidades, son inseguros, están dispuestos a obedecer, sienten temor al rechazo, pues, tienen necesidad de agradar; les cuesta iniciar un proyecto por iniciativa propia, falta de confianza en sus capacidades, pueden llegar a hacer tareas que no desean solo por mantener la relación, sienten un vacío que solo pueden llenar con otra persona y olvidan sus propias necesidades.

Cuando hay un grado excesivamente alto de independencia, la relación podría no funcionar, ya que ambos no caminan hacia la misma dirección, por eso es importante un mínimo de dependencia emocional, pero si esta se eleva demasiado, entonces la relación no será equilibrada y la persona dependiente se sentirá inferior con respecto al otro.

Para afrontar la depresión por amor, la dependencia emocional y el apego inseguro, el primer paso es reconocer lo que realmente ocurrió en la relación y hacerse consciente de que se es una persona con dependencia.

Te sugerimos redactar una lista de cosas que se hacen por amor y que no perjudican a la persona, así como otra lista de aquellas cosas que se toleran por “amor” para analizar si influyen de forma positiva en la salud.

No hay duda de que probablemente la mejor recomendación es buscar ayuda profesional para lograr salir de una relación, especialmente si esta ha sido «tóxica», ya que los psicoterapeutas estamos capacitados para implementar técnicas y  herramientas en personas con baja autoestima, para mejorar sus habilidades sociales, hacer una reestructuración cognitiva y aprender a gestionar mucho mejor estas problemáticas.

La terapia te ayuda a comprender lo que es realmente el amor.
Cómo construirlo y cómo hacer que dure.
A crear un vínculo seguro y estable.
A disfrutar de una relación amorosa verdaderamente satisfactoria.

Es importante que el paciente reconozca y trabaje en su rasgo dependiente, fortaleciendo su autoestima y disminuyendo la dependencia emocional que siente hacia los demás, apoyándose en sus logros y sus propios éxitos. Todo ello será posible si se trabaja para tener una dependencia que sea equilibrada y no genere malestar a la persona que la sufre, ni a la pareja, ya que muchas relaciones terminan cuando el otro miembro de la pareja ya no soporta la presión que ejerce la persona que es dependiente.

Te ofrecemos valiosas y eficaces herramientas para que puedas resolver tus conflictos amorosos. También cuando necesitas recuperarte de un desamor, afrontar el duelo y la depresión por amor, el apego inseguro en la relación, la dependencia emocional, etc.

Por su experiencia emocional reparadora

Por la entrega y dedicación requerida,

Por el equilibrio y la seguridad que os aporta,

Por lo que se benefician además vuestros seres queridos y descendientes,

La terapia es una experiencia fascinante que os cambia la vida

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Contacto

¿A qué podría parecerse hacer terapia? Imagínatela como un viaje reparador...

Nuestra manera de entender el trabajo psicoterapéutico es ayudarte a resolver tu malestar para que puedas alcanzar lo antes posible el bienestar que necesitas, mejorando tu calidad de vida de forma duradera. Este es nuestro cometido, y la responsabilidad y compromiso que elegimos tener contigo.

Entendemos la psicoterapia como una experiencia transformadora capaz de cambiar la forma de verte a ti mismo y a los demás y de relacionarte con ellos.

Para que puedas entender mejor lo que para nosotros significa hacer un proceso terapéutico, nos gusta comparar nuestro proceso con un viaje que te lleva a vivir una experiencia emocional verdaderamente reparadora.

El primer paso de nuestro particular viaje es hacer una evaluación. No pretendemos encasillarte en un determinado cuadro patológico, sino organizar la información que nos proporcionas para poder establecer el foco adecuado y las metas terapéuticas. El segundo paso del viaje es diseñar una buena planificación, saber dónde vamos y cómo llegar sin rodeos a nuestro destino. El tercer paso es la intervención terapéutica.

Antes de embarcarnos en lo que es un viaje difícil o complejo, para sentirnos más seguros y con la menor tensión posible y conseguir llegar a nuestro verdadero destino, es conveniente planificar y preparar adecuadamente todo lo necesario para acometer con éxito nuestro viaje:

  • Sabemos dónde queremos ir y por qué necesitamos hacer el viaje.
  • Determinamos si el viaje es completamente realista, teniendo en cuenta el tiempo, la energía y los recursos que disponemos, así como el nivel de riesgo.
  • Disponemos de un buen mapa de carreteras: nuestro tratamiento terapéutico.
  • Hacemos un balance de los puntos fuertes y débiles (tanto de los nuestros como psicoterapeutas como de los tuyos como cliente). Identificamos los aspectos problemáticos y los recursos potenciales con los que contamos para apoyarnos en ellos durante el viaje.
  • El trabajo de un guía es, entre otras cosas, conocer a la perfección todo lo relativo al viaje. Por eso, como guías, tenemos conocimientos específicos sobre viajar (especialmente somos expertos en cómo movernos por territorios poco conocidos o peligrosos). Nuestra profesionalidad y credibilidad como guías de viaje está asegurada.
  • Nos preparamos para todas las sorpresas y posibles incidencias que nos pudiéramos encontrar por el camino: como controles de carretera, desvíos y peligros (sabiendo de antemano cómo responder a todos ellos).
  • Nos preocupamos de disponer de todo lo que emocionalmente hace falta para resultar unos buenos compañeros de viaje, sin juzgarte, ni criticarte ni aconsejarte: haciéndote sentir seguro, comprendido, tranquilo, confiado, estimulado y en todo momento apoyado para que puedas aprovechar y nutrirte del viaje lo máximo posible.
  • Establecemos el ritmo necesario que es el adecuado para este viaje concreto.
  • Es más probable que no nos perdamos y que el viaje tenga éxito cuando se va acompañado de un guía experto en el territorio. No obstante, en el supuesto caso de que nos perdiéramos, sabemos lo qué debemos hacer exactamente.
  • El guía (psicoterapeuta) desempeñará un rol activo para evitar la dispersión y para mantenerse dentro de los límites del foco terapéutico que nos asegurará la llegada a nuestro destino.
  • Sabemos cuándo hemos llegado al destino o cuándo hemos hecho un recorrido “suficiente” para ti (teniendo en cuenta tus deseos de hasta dónde quieres llegar exactamente, evitando hacer un viaje terapéutico largo y profundo si no es eso lo que verdaderamente deseas).
Algunos viajes suponen descubrir un nuevo mundo interno y externo

Al finalizar el viaje, a través de ese vínculo sagrado de confianza y seguridad que hemos creado entre nosotros, habrás aprendido a identificar, legitimar, regular y manejar tus emociones, pensamientos y conductas de una manera más sana y beneficiosa para ti y para tus relaciones.

Este tipo de viaje, con este guía en concreto, te habrá proporcionado una mirada interior, un verdadero autoconocimiento, te habrá provocado reflexión y facilitado el cambio y la transformación interior. Te habrás llevado valiosas experiencias, herramientas y nuevos recursos perdurables en el tiempo que te preparan para afrontar las situaciones complejas que puedan darse en cualquier otro reto que decidas acometer a partir de ahora, solo o en compañía de otros viajeros. Sin darte cuenta, tú mismo, te habrás convertido en un gran guía.

La buena psicoterapia, como los buenos viajes, te transforma por dentro y se nota por fuera

¿Qué problemáticas nos encontramos diariamente?

Puede ayudarte a despejar tus dudas sobre si la terapia es para ti o no, conocer cuáles son las problemáticas más frecuentes que trabajamos diariamente en la consulta.

En nuestras sesiones de terapia vas a encontrar solución a tus problemas:

  • Cuando tienes un problema y no puedes parar de darle vueltas en tu cabeza y está interfiriendo en tu vida cotidiana.
  • Cuando te cuesta expresar lo que sientes y sólo lo racional te hace sentirte cómodo.
  • Cuando te sientes desbordado por tus emociones.
  • Cuando evitas todo lo que puedes los conflictos y prefieres ceder tú ante los demás.
  • Cuando te sientes insatisfecho y tienes la sensación de que te falta algo esencial para ti.
  • Cuando sufres con tus relaciones ya sean familiares, laborales, amorosas, sociales.
  • Cuando no consigues controlar tus impulsos.
  • Cuando te sientes aislado, criticado o rechazado por los demás. Cuando te sientes víctima.
  • Cuando sientes que “tú no puedes” y recurres a “depender compulsivamente” de otros.
  • Cuando te sientes inseguro, cuando te exiges demasiado o cuando no te gusta cómo eres realmente y tu autoestima se ve mermada.
  • Cuando te sientes confuso y te cuesta muchísimo tomar decisiones.
  • Cuando quieres aprender a resolver mejor tus conflictos internos y externos.
  • Cuando te cuesta decir no y sientes temor a que los demás se enfaden o te rechacen.
  • Cuando deseas aprender habilidades para relacionarte mejor con los demás porque te cuesta crear, mantener, posicionarte o romper relaciones.
  • Cuando has estado deprimido, ansioso, inseguro, bloqueado o enojado desde hace tiempo y ya no quieres seguir así más tiempo.
  • Cuando tienes problemas laborales, te sientes desmotivado, incapaz o sufres acoso laboral.
  • Cuando lamentablemente padeces una enfermedad que interfiere en tu bienestar.
  • Cuando no te sientes bien contigo mismo porque ocupa demasiado espacio en tu vida la tristeza, el estrés, la ansiedad, el miedo, la preocupación o la vergüenza.
  • Cuando tu pasado te atormenta y tu futuro te asusta y te impide disfrutar del presente.
  • Cuando has perdido la ilusión por la vida y te cuesta disfrutar de las cosas.
  • Cuando atraviesas problemas puntuales como la pérdida de un trabajo, la crianza o la partida de los hijos. Cuando te enfrentas a una pérdida por la muerte de un ser querido. Cuando te encuentras en una situación de crisis vital. Cuando deseas perder peso y no lo consigues por ti mismo. Cuando te sientes abrumado por un nuevo empleo. Cuando te agobian en exceso las responsabilidades…

¿Te identificas con alguna de esas situaciones? Si es así, ya NO tienes que afrontarlo tú solo.

Si te acompaña un sentimiento de malestar o insatisfacción prolongado y resta tu calidad de vida, es el momento de plantearte que la terapia es para ti.

No olvides que, como tú, todos nosotros nos hemos encontrado en un momento dado en una situación difícil en nuestra vida, y hemos necesitado recibir asesoramiento de un experto que nos ayudó a mitigar nuestro dolor, a recuperarnos y a conseguir lo que verdaderamente necesitábamos.

Da igual si eres hombre o mujer, no importa tu edad, ni a qué te dedicas en la vida, tampoco importa si tienes más o menos dinero ni más o menos estudios. La buena noticia es que cualquier persona puede beneficiarse de la terapia.

Como regla general, cuanto más tiempo duran los síntomas más se agravan los problemas y más cuesta erradicarlos. Cuanto más interfieran en tu vida diaria, más necesitarás recurrir a un tratamiento profesional.

La terapia te proporciona un gran alivio para tu malestar o sufrimiento.

Propone soluciones para todo aquello que te resulta inquietante, agotador, aterrador, espantoso…

Supone una transformación inimaginable.

¿Tienes dudas o temores ante hacer terapia?

En la actualidad, cada vez más personas van a terapia y la psicología está ya en boca de todos. Hacer terapia resulta algo de lo más natural. Afortunadamente ya no se asocia con tener problemas mentales, sino con reconocer que a veces carecemos de herramientas suficientes para afrontar situaciones difíciles que todos vivimos.

Las grandes personas como tú, también necesitan sentirse apoyadas
A la hora de iniciar una terapia, te pueden surgir dudas como estas:
  • ¿Tiene solución lo que a mí me pasa?
  • ¿Es terapia lo que yo necesito?
  • ¿Voy a perder mi tiempo y mi dinero?
  • ¿Me van a cambiar mi personalidad?
  • ¿Creerán que estoy peor de lo que estoy?
  • ¿Voy a descubrir cosas que no sé si quiero saber?
  • ¿Acertaré con el terapeuta?
  • ¿Qué pensará el terapeuta de mí?
  • ¿Se enterará alguien de lo que cuento o será totalmente confidencial?
  • ¿Y mi familia y amistades, qué les voy a decir?
  • ¿Pensarán que estoy peor porque voy a terapia?
  • ¿Me juzgarán?

Seguro que alguna de estas dudas o parecidas te surgen. Puedes resolverlas en nuestras preguntas frecuentes.

En ocasiones, hay algunas personas a las que acudir a la primera sesión de terapia les supone cierta vergüenza. Puedes creer que lo estás haciendo mal. Te puede entrar miedo o temor a ser juzgado. A que te consideren más débil o incluso loco…

Puedes cuestionarte si “otros son más capaces que tú”. Incluso puedes llegar a pensar que eres un “desastre” o que has “fallado” como madre, padre, hijo, amigo, esposo, profesional… por no haberlo podido solucionar por ti mismo.

De la misma forma que no sientes que has fallado cuando no puedes reparar por ti mismo el coche, hacer terapia tampoco significa que hayas fallado. ¡Nada más lejos de la realidad! Es justo lo contrario: Las personas más fuertes y valientes se forjan a base de enfrentar retos.

Es completamente lógico y normal que sientas nervios, y que al principio te cueste un poco, tomar la decisión de iniciar un proceso de terapia. Nos pasa a todos.

Implica ponerte en manos de un desconocido y revelarle tus asuntos íntimos.

Es una experiencia totalmente nueva que te puede conectar con tu vulnerabilidad, con una sensación de vergüenza y cierta minusvalía, conectarte con tus miedos, carencias e inseguridades.

A todos nos asusta mirar dentro de nosotros mismos, por eso tendemos a minimizar la gravedad de nuestros problemas.

Tener el coraje de aceptar que necesitas ayuda es una señal de fortaleza y de inteligencia.

Involucrarte en una terapia demuestra que eres muchísimo más valiente, capaz y valioso de lo que tú crees aunque ahora no te sientas así. Y precisamente esto es una de las cosas que vas a poder averiguar y sentir en el proceso terapéutico.

Las personas que acudís a terapia sois mucho más valientes, nobles y responsables.

Eres valiente por decidirte a venir, por atreverte a revelar tus asuntos íntimos, a descubrir lo que verdaderamente te sucede, por aceptar tus limitaciones, por reconocer tus carencias, por invertir tu tiempo y dinero para conseguir aquello que necesitas, por querer crecer y evolucionar, por hacer frente a tus problemas, por responsabilizarte en buscar soluciones eficaces, por no “echar balones fuera”, engañarte o culpar a los demás de tu malestar.

Una excelente manera de abordar tus temores  es contarnos lo que te preocupa.

Tener el arrojo de superar esa ansiedad inicial puede brindarte una sensación de alivio, coraje y optimismo.

Pedir ayuda es el primer paso en el proceso para que puedas sentirte mejor.

Vale la pena porque cualquier persona puede beneficiarse de un proceso terapéutico. Si en algún momento tu calidad de vida no es la que deseas, no cabe duda de que la psicoterapia puede ayudarte enormemente.

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