La persona que llega a terapia, cualquiera que sea la naturaleza de sus síntomas, se encuentra con algún tipo de malestar o sufrimiento. A menudo inseguro, desmoralizado, bloqueado, insatisfecho, incapaz de generar nuevas alternativas. Busca ayuda porque se siente incompetente en algún área de su vida, con su autoestima mermada, desvalido y sin esperanzas de cambio. Estas sensaciones le impiden afrontar las demandas externas, se ve afectado con facilidad por los problemas o reveses cotidianos, y con frecuencia le llevan a confundir el significado de sus síntomas, a exagerar o minimizar su gravedad, a distorsionar sus pensamientos, a comportarse y reaccionar de forma inadecuada, incluso a veces teme volverse loco…
En algún momento seguro que has pasado o estás pasando ahora por una situación difícil en tu vida. Quizá te estás preguntando si esto de la terapia es para ti. Si lo que a ti te sucede se trata normalmente en una terapia. Las circunstancias que pueden llevar a una persona a solicitar la ayuda de un experto profesional son muy diversas y complejas.
Como regla general:
Determinadas experiencias, pensamientos y sentimientos indican la presencia de una diversidad de problemas que afectan a tu salud mental o emocional y que requieren necesariamente que recibas un tratamiento terapéutico. El problema es que no es tan fácil detectar estas señales y mucho menos comprender lo que verdaderamente significan de ahí la importancia de consultar con un experto psicoterapeuta.
Sabrás que algo no va bien cuando notes algunos de estos síntomas:
- Tienes cambios bruscos de humor o de comportamiento. Te enfadas con mucha facilidad, por cosas que tú sabes que no son tan importantes.
- Lloras mucho sin ningún motivo en particular.
- Te preocupas en exceso, constantemente estás nervioso y te esperas que ocurra lo peor.
- Demasiada agitación mental. A menudo experimentas un ritmo acelerado de pensamientos.
- Muchas veces quieres estar solo, te aíslas lo más que puedes de los demás.
- Te cuesta muchísimo realizar las tareas normales de tu día a día.
- A menudo experimentas estrés, ansiedad, pánico o miedos.
- Te sientes a menudo triste y desamparado y este sentimiento perdura en el tiempo.
- Sufres trastornos del sueño con frecuencia.
- Sientes molestias o dolores para los que no encuentras ninguna explicación.
- Sueles sentir que te falta energía y motivación.
- Has dejado de hacer las cosas que te gustan. Has perdido interés en los placeres de la vida.
- Sientes a menudo ganas de herirte a ti mismo o de hacer daño a otra persona.
- En general, te sientes inútil o sumamente culpable.
- Te sientes muy confuso, desorientado, o inseguro en exceso.
- Has cambiado para peor tus rutinas de alimentación, de sueño…
- Crees que los demás a menudo conspiran en tu contra.
- Te cuesta concentrarte en las tareas ordinarias de tu trabajo. Hasta te cuesta realizar otras actividades cotidianas que no son laborales.
- Tienes dificultades para terminar o cumplir los planes que te habías trazado.
- A pesar de que te esfuerzas, y de que te ayudan tus familiares o amigos, parece que tus problemas hace tiempo que no se solucionan.
- Escuchas voces o ves imágenes que otras personas no experimentan.
- Con frecuencia tienes comportamientos agresivos o compulsivos que te dañan a ti y a los demás como beber alcohol en exceso, consumir drogas, estar enganchado a las redes sociales o videojuegos todo el tiempo que puedes…