El cerebro humano está más diseñado para sobrevivir que para ser feliz, por ello es habitual que nos centremos más en lo negativo o en los problemas que tenemos que en lo positivo.
Tu representación interna del mundo y de ti mismo puede estar distorsionada e impedirte que puedas hacer frente a tus problemas y desafíos del día a día, sintiéndote inseguro, bloqueado, angustiado, deprimido… De ser así, no estás solo.
A través de la terapia, lograrás identificar y cambiar los patrones de pensamiento y comportamiento que te impiden sentirte bien y actuar en consonancia.
No es lo mismo afrontar un conflicto desde la madurez que desde la neurosis
Hacemos las cosas en función de cómo somos, pero también somos una consecuencia de lo que hacemos. Por eso unas personas cronifican su patrón neurótico, a medida que resuelven mal sus conflictos, y otras progresan en su madurez, a medida que resuelven bien los suyos.
Afortunadas son las personas que pueden atravesar los cambios y retos con facilidad, analizar objetivamente lo que les sucede y plantearse estrategias de solución que se adapten a sus fuerzas, a la magnitud de sus problemas y al resultado que desean obtener. Vencer los obstáculos que se les presentan y responder de manera saludable, adaptativa y funcional, sintiéndose confiados y seguros.
Sin embargo, lamentablemente esto no le sucede a todo el mundo. Puede que ante los mismos desafíos de la vida, tú te enfrentes con inseguridad, malestar, miedo o frustración. Es posible que tiendas a desenfocar el problema o a adjudicar la responsabilidad a los demás.
Si algo de esto te sucede, es muy probable que tengas modelos operativos internos empobrecidos o disfuncionales tanto de ti mismo como del mundo. Son los patrones automáticos de pensamiento y comportamientos alterados, deformados o disfuncionales. Estos patrones son precisamente los que te hacen optar por alternativas muy limitadas o rígidas, los que te hacen sentirte incompetente para afrontar las demandas externas que vives cada día.