Sabrás que algo no va bien si observas o sientes alguno de estos síntomas:
- Crees que los demás se confabulan contra ti.
- Experimentas ansiedad grave, pánico o miedo.
- Te sientes incapaz de realizar tus tareas cotidianas.
- Encuentras poco o ningún placer en la vida.
- Estas muy confundido.
- Te irritas o enfadas con facilidad.
- Lloras mucho sin ningún motivo aparente.
- Tienes cambios bruscos de humor.
- Te sientes inútil o sumamente culpable.
- Tienes problemas para concentrarte.
- Por sistema, dejas de hacer cosas que te gustan.
- Notas dolores para los que no encuentras explicación.
- Escuchas voces o ves imágenes que otras personas no experimentan.
- Te aíslas de las demás personas, buscas estar solo continuamente.
- Experimentas un ritmo acelerado de pensamientos o mucha agitación.
- Experimentas un cambio en los patrones de alimentación o sueño.
- No tienes nada de energía o por el contrario sientes un exceso de energía.
- Pierdes el interés en los pasatiempos y las actividades placenteras.
- Sientes la necesidad de herirte a ti mismo o hacer daño a otra persona.
Los cambios en las emociones, como temor o enfado, son una parte normal de la vida. De hecho, aprender sobre los cambios del estado de ánimo, qué los desencadena y cuándo suceden, es importante para poder conocerte y aprender sobre ti mismo.
Hay muchas situaciones como conflictos laborales, una ruptura de pareja, un divorcio en tu familia de origen o relaciones tensas con amigos, que pueden provocarte estrés emocional. Las situaciones difíciles pueden hacer que te sientas triste o desanimado durante un tiempo. Eso es diferente a tener problemas de salud mental como una depresión.
Por ejemplo, las personas que tienen depresión suelen experimentar una sensación abrumadora de impotencia y desesperanza durante períodos prolongados. Esta depresión puede conducir a sentimientos de suicidio.
Determinadas experiencias, pensamientos y sentimientos indican la presencia de una diversidad de problemas de salud mental y emocional que es necesario que aprendamos a reconocer.
No es tan sencillo detectar en ti mismo estos u otros síntomas, o darte cuenta de lo que verdaderamente significan. A veces ocurre que, cuando estos síntomas aparecen, la creencia de sentirte autosuficiente y capaz de salir de todo, cueste lo que cueste, se convierte en contraproducente. En determinados casos pensar así te puede hacer mucho más daño del que crees, ya que muchas veces las personas, sencillamente no estamos preparadas a nivel cognitivo, emocional o conductual para afrontar determinadas situaciones.
Lo principal es reconocer que necesitamos ayuda, una vez hecho esto, la solución está a nuestro alcance
Todas las personas en un momento dado, necesitamos el apoyo y asesoramiento de alguien experto en una determinada materia. Cuando reconoces que necesitas ayuda y la solicitas, es cuando te permites recibir las habilidades y herramientas necesarias para gestionar la situación que en ese momento vital no eres capaz de gestionar y que está interfiriendo en tu vida de una manera muy negativa.
Es de gran ayuda poder contar con apoyo profesional. Con un buen tratamiento de terapia es fácil que alcances una calidad de vida aceptable si padeces una enfermedad mental o que te recuperes completamente en el caso de síntomas menos graves.
Como regla general: cuanto más tiempo duran los síntomas, más graves son; y cuanto más interfieren con tu vida diaria, mayor es la posibilidad de que sea necesario que recurras a un tratamiento profesional.