Hoy en día se acude al psicoterapeuta por muchos motivos. Incluso hay muchas personas que acuden a consulta sin tener un malestar especialmente significativo. Acuden porque sienten que hay algo en sus vidas que no va del todo bien, o simplemente desean mejorar en algún ámbito de su vida.
La creencia generalizada de que a terapia van las personas que están “locas” o tienen problemas psicológicos graves es totalmente errónea. No hay nada que temer. Acudir a terapia no es para nada un síntoma de locura. Al contrario, es un indicadorde que te preocupas por ti mismo y por tu propio bienestar. Es un signo de autocuidado, de querer crecer y avanzar en tu vida.
Es importante recordar, que si no puedes gestionar algo por ti mismo, esto no significa para nada que seas más débil que los demás, sino que por distintos motivos, todos necesitamos ayuda en la gestión de determinadas situaciones vitales que se nos presentan en la vida. Es como cuando una familia, recibe una herencia y no sabe cómo gestionar dichos bienes, demanda a un abogado que les ayude a gestionar su patrimonio.
De la misma forma que no te sientes vulnerable o menos valioso cuando no puedes reparar por ti mismo la avería de tu coche, hacer terapia tampoco significa que seas débil o que hayas fallado. Es justo lo contrario: Las personas más fuertes y valientes se forjan a base de enfrentarse a sus retos y buscar soluciones.
Aunque a muchos nos resulte increíble, aún existen prejuicios sociales hacia los psicoterapeutas y hacia aquellas personas que acuden a terapia. Lamentablemente, esto genera que muchas personas que realmente lo necesitan no busquen ayuda.
¿De verdad estos prejuicios siguen manteniéndose hoy en día? Por desgracia, así es. Es fácil detectar cómo de presente está aún este prejuicio. Tan solo compara cuántas veces te han confesado tus amigos o conocidos que han ido o van a ir al psicólogo con las veces que te han hablado de ir a otro profesional a solucionar cualquier otro malestar. Muchas personas que están pasando por un mal momento personal y no saben cómo resolverlo por sí mismas, no acuden a terapia porque consideran que “no están tan mal” o “que no necesitan la ayuda de un loquero”. Tienen miedo a que los demás consideren que están “locos”. Se sienten avergonzados, como si algo no estuviera bien dentro de ellos por tener que recurrir a un profesional.
Se podría pensar que las personas que tienen esta creencia no tienen un determinado nivel educativo, pero sería una atribución poco fiel a la realidad. Esta creencia está tan extendida que trasciende de perfiles, inteligencia, nivel educativo o posición socio-económica.
A pesar de que sea muy frecuente pensar que ir a terapia es para locos, es algo que está muy anticuado. En primer lugar, tenemos que quitar para siempre la etiqueta de “locos” al referirnos a aquellas personas que padecen trastornos psicológicos. Debemos hacerlo por el respeto que merecen, ya que llamarles locos conlleva unas connotaciones despectivas. En segundo lugar, es esencial aclarar que NO es necesario tener un trastorno psicológico para acudir a terapia. De hecho, es muy perjudicial esperar a tener un problema grave para acudir al psicoterapeuta.
¿Quién debe acudir en busca de ayuda psicológica?
La respuesta es fácil: deberíais buscar ayuda, lo antes posible, todas las personas que no os encontréis completamente satisfechas con vosotras mismas, con las circunstancias que vivís en vuestra vida y no sabéis cómo ponerle remedio. En estas situaciones es fácil perder la calidad de vida, llegando, incluso, a sentir que no sois felices. Es muy normal que en determinadas situaciones todos podamos necesitar la ayuda de un profesional para lograr nuestros objetivos y para recuperar el equilibrio y bienestar.