Terapia sexual en Madrid

En la terapia sexual las parejas maduras sexualmente son aquellas en las que ambos son capaces de aceptar, rechazar y tomar iniciativas sexuales. El psicoterapeuta en Madrid trabaja en la terapia problemas de pareja, impotencia, vaginismo, eyaculación precoz…

La sexualidad junto con la pareja son las grandes escuelas de la vida porque no hay otros ámbitos en los que deban resolverse tantos problemas. Por eso, la vida en pareja no es una vida de cine sino de teatro. En el cine la película la visionamos siempre idéntica, mientras que en el teatro la misma obra, siempre resulta distinta porque cada día supone una nueva representación en la que se producen incidentes que es preciso resolver.

Desde SOLTAR y SALTAR consideramos que para tener una sexualidadsana” es imprescindible “Hacer todo lo que quieras, nada que no quieras, siempre desde el deseo previo y de acuerdo con tu propia escala de valores”.

Terapia sexualidad en Madrid,
Terapia sexualidad en Madrid,

Aplicando desde el comienzo de la relación este principio fundamental se evitan gran parte de los problemas sexuales de la pareja. Teniendo como finalidad:

  • Alimentar, mejorar y alargar tu vida sexual.
  • Crear relaciones auténticas.
  • Afirmar tu personalidad y seguridad.
  • Favorecer tu propio disfrute y el del otro.

Muchas veces no tenemos claro lo que queremos, ni lo que queremos lo queremos siempre, además a menudo no nos permitimos hacer lo que nos gusta.

El deseo de agradar nos induce a que creamos que nos gusta lo que le gusta al otro. En ocasiones es un simple engaño por miedo a defraudar o a perder el amor de la pareja.

En la convivencia es necesario establecer reglas, seguir pautas y fijar costumbres. Pero todo ello a su vez resta espontaneidad a la relación y tiende a convertirla en monótona, es decir falta de estímulo y novedad, cuando lo que requiere el sexo es precisamente lo contrario. Si la rutina es nefasta para la convivencia, todavía lo es más para la sexualidad. Hemos de aprender a combinar la imaginación con la moderación.

Los hombres asocian más el sexo con la necesidad y el deseo, que con la afectividad. Por eso, una vez satisfechos sexualmente, no necesitan expresar su afectividad hasta que no vuelven a tener deseo. Por regla general los hombres, después del orgasmo, pasan por un periodo refractario que se caracteriza por la inhibición del deseo y la necesidad de descanso. Cuando el hombre está en fase refractaria puede interpretar las caricias como una nueva demanda y como no está preparado para ella tiende a evitar el contacto físico.

Por regla general las mujeres asocian la sexualidad con la afectividad, por tanto aunque haya concluido el acto sexual es comprensible que deseen mantener el calor afectivo. Las mujeres no tienen apenas periodo refractario después de alcanzar el orgasmo, por tanto es natural que aunque estén satisfechas quieran prolongar las caricias y el afecto. Que se muestren cariñosas no significa necesariamente que deseen mantener otra relación, por tanto no debe confundirse expresión afectiva con demanda sexual.

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Si procuramos entender al otro en su mundo perceptivo en lugar de intentar imponerle el nuestro, podemos contribuir a culminar con éxito la fase de acoplamiento sexual y permitir que la pareja se instale en una relación plena y gratificante.

Todos tenemos el libre derecho a manifestar de forma natural nuestra sexualidad.

Si no nos sentimos libres para dar y recibir placer, si no estamos en condiciones de tomar y rechazar iniciativas y si no sabemos si determinadas prácticas están “prohibidas” por los valores o por los prejuicios, es imposible que desarrollemos un código que sintonice con nuestra naturaleza y preferencias sexuales.

Cada miembro de la pareja tiene derecho a satisfacer sus propias necesidades y eso es válido para quien necesita diariamente la sexualidad como para quien tiene bastante con una vez a la semana. El problema reside en cómo conciliar frecuencias tan discrepantes. La buena voluntad es importante para resolver casi todos los conflictos de pareja, pero NO sirve para reprimir el instinto ni para forzarlo.

No podemos pedir que uno tenga relaciones que no desea, ni que el otro reprima parte de las que necesita. El problema se resuelve buscando estrategias adaptativas desde el diálogo y la comprensión.

La represión sexual, fruto de nuestro miedo a ser libres y felices, nos ha hecho perder el contacto con nuestra propia naturaleza animal, minimizando la capacidad humana para experimentar el placer en toda su dimensión.

La cabeza no debe controlar siempre al sexo, pero por el sexo tampoco podemos perder la cabeza. Ése es el gran problema. Es tan malo el sexo sin control como el control del sexo. A veces el miedo a perder el control actúa como inhibidor del placer y esto imposibilita que el coito sea un estímulo suficiente para provocar el orgasmo.

Terapia sexualidad en Madrid,

Lo difícil es encontrar un punto medio en el que seamos capaces de permitir la libre expresión del instinto sin contravenir los límites que nuestro propio código ético-sexual nos marque. No es sana la represión del instinto pero tampoco es aceptable su expresión descontrolada.

La madurez personal no debe significar la represión del instinto. Difícilmente puede considerarse madura quien sólo obedece al principio de placer. Ser maduro es saber armonizar el instinto con la razón y lo que nos gusta con lo que nos conviene. La sexualidad es saber discriminar qué cosas de las que nos gustan debemos permitirnos y qué cosas no nos gustan porque creemos que no deben gustarnos.

El deseo tenemos que asociarlo al placer nunca al deber (por tanto el que tiene sexo sin desearlo no sólo perjudica su deseo sino que deteriora la calidad de la relación). La mejor manera de facilitar el placer ajeno es hacer las cosas desde el placer propio.

Lo que va en detrimento del placer sexual es tener relaciones sin deseo o bien hacer algo que no quieres hacer porque esto perjudica al amor. Si quieres ser considerado o generoso con tu pareja hazlo en clave afectuosa pero nunca en clave sexual porque esto perjudica seriamente la pareja.

En sexualidad debemos permitirnos ser “algo” egoístas. Si nosotros no disfrutamos del sexo difícilmente lo hará nuestra pareja. Se trata de aceptar el egoísmo sexual pero regulando su expresión.

Hacer el amor porque “toca” es el factor desencadenante del sentimiento de “tarea”. Quienes caen en este error suelen ser personas que se sienten vinculadas a su pareja, y que, con buena intención aceptan o toman la iniciativa sexual no tanto porque ellos lo desean sino porque creen que el otro lo necesita.

El que siempre toma la iniciativa al final se cansa porque empieza a dudar hasta qué punto es deseado. Y el que siempre la recibe puede sentirse agobiado e interpretar la demanda como una obligación que coarta su libertad. Lo que da valor y credibilidad al sí es que – de cuando en cuando- exista el no porque el único indicio de que un comportamiento es voluntario radica en que se pueda decir no en situaciones semejantes en las que en otros momentos hemos dicho sí.

Las parejas maduras sexualmente son aquellas en las que ambos son capaces de aceptar, rechazar y tomar iniciativas sexuales. Para que un comportamiento sea voluntario y creíble a veces dirás si, y otras veces dirás no al sexo.

Traicionar nuestra naturaleza sexual nunca evita conflictos sino que los crea. Gran parte de los cuadros de inhibición del deseo, anorgasmia, eyaculación precoz, impotencia o aversión sexual fueron en su origen simples aceptaciones de prácticas sexuales que contravenían el código de quien las aceptaba. Por eso quien desee disfrutar de una sexualidad gratificante deberá practicar rituales que sean concordantes con sus necesidades, valores y principios.

La iniciativa sexual se puede negociar, la frecuencia se puede armonizar, los rituales sexuales –dentro de cierto margen- se pueden ajustar; pero cuando la relación no culmina en el orgasmo produce tanta frustración que se convierte en una importante fuente de resentimiento y alejamiento emocional.

Buscar la aprobación a través del sexo es una equivocación. Otro de los grandes errores que cometemos las mujeres es simular o fingir el orgasmo privándonos de la experiencia cumbre del placer sexual, se falsea la relación, provoca además frustración y resentimiento hacia tu pareja y un distanciamiento afectivo del que es difícil salir además de sentirte una persona poco auténtica y con baja autoestima.

Otro de los efectos muy nocivos de fingir orgasmos es la inhibición del deseo. Al cabo del tiempo como consecuencia de fingir orgasmos, la libido, se resiente.

Si te traicionas a ti mismo (satisfaces al otro sin tener deseo previo), te vuelves eficaz para el otro pero incompetente para ti y a la larga se deteriora la relación por lo que todo son inconvenientes.

Cada vez que iniciamos una relación sexual se activa una doble posibilidad: satisfacción o frustración. La satisfacción se produce cuando la relación además de culminar en el orgasmo ha permitido que ambos se sientan competentes. Por el contrario, nos sentimos frustrados cada vez que se defrauda nuestra expectativa orgásmica o vemos rechazadas nuestras iniciativas.

La satisfacción y la frustración afecta tanto a los hombres como a las mujeres. Puede aparecer en todas y cada una de las variables de la manifestación sexual siempre que una de las partes no encuentra reciprocidad o siente limitada su expresividad. Hay frustración en la iniciativa cuando no es correspondida, también en la frecuencia cuando uno tiene que aguantarse las ganas para no ser rechazado y también en los rituales cuando la gente reprime lo que quiere hacer porque sabe que no va a ser aceptado.

La frustración orgásmica, además de producir congestión pélvica, irritabilidad y mal humor, es una de las causas más importantes de la inhibición del deseo femenino, y un factor de primer orden en la génesis de muchos fracasos del acoplamiento sexual.

Es imprescindible para la terapia sexual:

Terapia sexualidad en Madrid, número 1

Que se detecte rápidamente el conflicto sexual.

Terapia sexualidad en Madrid, número 2

Que no se culpabilicen recíprocamente.

Terapia sexualidad en Madrid, número 3

Que colaboren ambos en la búsqueda de soluciones.

Desde SOLTAR y SALTAR

No creemos en otra revolución que no sea la interior ni en más esfuerzo que el propio. En las sesiones de terapia sexual os proponemos actuar desde el “haz todo lo que quieras, no hagas nada de lo que no quieras, y siempre desde el deseo previo”, aplicando tu propia escala de valores, facilitando así que tus relaciones sean auténticas y congruentes, lo cual evita la tarea, el apremio y los errores sexuales facilitando el instinto, las caricias, el afecto y todos los demás aciertos sexuales.

Libros recomendados:
“Sexo sabio”. Autor: Antoni Bolinches.
“Nacidas para el placer”. Autora: Mireia Darder.
“Tantra amor y sexo”. Autora: Diana Richardson.

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