Autoestima

Psicologos en Madrid a través de la terapia te ayuda a elevar tu autoestima, canalizar tus miedos, obsesiones, ansiedad, a confiar en ti, a regular tu insomnio, a saber quién eres… La esencia de la autoestima es sentir que somos merecedores de la felicidad.

Una de las tareas primordiales de la terapia es contribuir a construir o sanar la autoestima.

Haber venido al mundo, estar vivos, ser únicos y tratar de darle un sentido a nuestra existencia ya es, de por sí, un motivo para sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

La autoestima es una experiencia íntima; reside en el centro de nuestro ser. Es lo que yo creo y siento acerca de mí mismo, no lo que alguien piensa y sienta sobre mí.

Mi familia, mi pareja, mis amigos me pueden amar, no obstante, si yo no me amo a mí mismo, de nada sirve. Puedo ser admirado por mis socios o jefes y, sin embargo, considerarme a mí mismo sin valor. Puedo proyectar una imagen de seguridad y serenidad que engañe a casi todo el mundo y, no obstante, temblar por dentro con un sentimiento de inseguridad.

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Autoestima, terapia en Madrid

Puedo satisfacer las expectativas de los demás y, aun así, fracasar ante mí mismo; puedo ganar todos los honores y, sin embargo, sentir que no he realizado nada; puede que los demás me adoren y a la vez, despertarme cada mañana con un sentimiento de engaño y de vacío. Alcanzar el éxito sin lograr la autoestima positiva significa estar condenado a sentirse como un impostor.

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La autoestima tiene dos componentes relacionados entre sí: la eficacia personal y el respeto a uno mismo. La esencia de la autoestima es confiar en la propia mente y en saber que somos merecedores de la felicidad. Si falta alguno de estos dos pilares, la autoestima se deteriora.

La eficacia personal significa la confianza frente a los desafíos de la vida, confiar en el funcionamiento de mi mente, en mi capacidad para pensar y entender, para aprender, elegir y tomar decisiones; confianza en mi capacidad para entender los hechos de la realidad que entran en el ámbito de mis intereses y necesidades; en creer y confiar en mí mismo.

El respeto a uno mismo significa reafirmarme en mi valía personal; es una actitud positiva hacia el derecho de vivir y de ser feliz; la confianza al reafirmar de forma apropiada mis pensamientos, mis deseos y mis necesidades; sentimiento de que la alegría y la satisfacción son derechos innatos naturales.

Si la autoestima es el razonamiento de que soy apropiado para la vida, la experiencia de ser competente y tener valía, si la autoestima es la consciencia de auto-afirmación, una mente que confía en sí misma, nadie puede generar y sostener esta experiencia sino yo mismo.

Una pobre autoestima no sólo inhibe el pensamiento sino que tiende a deformarlo. Si tenemos una mala reputación de nosotros mismos e intentamos identificar la motivación de alguna conducta, podemos reaccionar ansiosamente y a la defensiva y torcer nuestra mente para no ver lo que es obvio.

La base de una pobre autoestima no es la poca confianza sino el miedo. Una baja autoestima implica infelicidad personal, temor a lo desconocido, evita los desafíos. Renuncia a enfrentarse a las dificultades, o bien, lo intenta pero sin dar lo mejor de sí mismo.

Una autoestima alta pronostica una gran felicidad personal, busca nuevas fronteras, nuevos desafíos, se esfuerza ante las dificultades. Busca la oportunidad digna de admiración, la autoconfianza, el amor a uno mismo, a la vida. Tendemos a sentirnos más cómodos, “como en casa”, con personas cuyo nivel de autoestima se parece al nuestro.

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Si me respeto a mí mismo y exijo a los demás que me traten con respeto, me mostraré y comportaré de manera que aumente la probabilidad de que los demás respondan de forma apropiada.

Si no me respeto a mí mismo y acepto la falta de respeto, el abuso, o acepto que los demás me exploten, transmitiré inconscientemente este trato y algunas personas me tratarán de la misma forma. Si sucede esto y me resigno, el respeto a mí mismo se deteriorará todavía más. La autoestima baja, al igual que la alta, tienden a generar profecías que se cumplen por sí mismas.

La tragedia de la vida de muchas personas es que buscan la autoestima en diferentes direcciones que no son la propia, y por lo tanto, fracasan en su búsqueda.

Cometemos el error de creer que sólo si conseguimos crear una impresión positiva en los demás, disfrutaremos de un buen respeto a nosotros mismos. Caemos en pensamientos del tipo “sólo si consiguiera un ascenso, sólo si me convirtiera en madre, sólo si me enamorara, sólo si pudiera tener un trabajo mejor, sólo si pudiera comprarme una casa, sólo si me reconocieran mis logros, etc., entonces, realmente me sentiría en paz conmigo mismo.

A menudo nos olvidamos de que la única fuente de la autoestima es y sólo puede ser interna “en lo que hacemos no en lo que los demás hacen”. Cuando la buscamos en lo externo, en las acciones y las respuestas de los otros, nos abocamos a la tragedia. Mirar a los otros como fuente primaria de nuestros propios valores es peligroso: primero, porque no funciona; y segundo, porque nos exponemos al peligro de convertirnos en “adictos” de la aprobación de los demás.

Después de trabajar durante muchos años con personas que están infelizmente preocupadas por las opiniones de los demás, estamos totalmente convencidas de que el medio más efectivo de liberarse es elevando el nivel de consciencia que uno aporta a la experiencia propia: cuanto más eleva uno el volumen de las señales internas, más tenderán a volver las señales externas a un equilibrio adecuado. Esto supone aprender a oír al cuerpo, a escuchar las emociones, a pensar por uno mismo y a observar mis conductas.

Autoestima, terapia en Madrid
Autoestima, terapia en Madrid

Lo que determina el nivel de la autoestima es lo que la persona hace, en el contexto de su conocimiento y valores. Es una manera de actuar día tras día, ante las cuestiones grandes y pequeñas, es una manera de comportarse que es también una forma de ser.

Si una persona se somete a una terapia con éxito, en la que se disuelven sus miedos y eliminan los bloqueos para el funcionamiento efectivo, ello tendrá como consecuencia que manifestará un mayor número de acciones que apoyan su autoestima.

Si comprendemos la naturaleza de la autoestima y las prácticas de las que depende, podremos lograr lo que pretendemos. Si deseamos trabajar en nuestra propia autoestima, tenemos que conocer y experimentar las prácticas específicas que tienen el poder de aumentarla.

Desde SOLTAR y SALTAR te proponemos trabajar juntos en las sesiones de terapia tu autoestima, mediante pequeños pasos que te conducirán a:

Aprender a vivir conscientemente (significa intentar ser conscientes de todo lo que tiene que ver con nuestras acciones, propósitos, valores y metas, al máximo de nuestras capacidades, seas cuales sean éstas, y comportarnos de acuerdo con lo que vemos y conocemos).

 

Aceptarte a ti mismo. La autoestima es algo que experimentamos, la aceptación de uno mismo es algo que hacemos. La autoestima es imposible sin aceptación de uno mismo. Aceptarme es negarme a permanecer en una relación de confrontación conmigo mismo, es estar para mí mismo, estar de mi lado. Elegir valorarse uno mismo, tratarse con respeto, defender mi derecho a existir tal y como soy. Es la voz de la fuerza de la vida.

 

Asumir tu propia responsabilidad. Para sentirme competente, necesito experimentar una sensación de control sobre mi vida. Esto exige estar dispuesto a asumir la responsabilidad de mis actos y el logro de mis metas.

 

Autoafirmarte: Significa respetar mis deseos, necesidades y valores y buscar su forma de expresión adecuada en la realidad. Para ello necesito la convicción de que mis ideas y deseos son importantes. Lo opuesto es la entrega a la timidez que consiste en quedarnos en un segundo plano en el que todo lo que yo soy permanece oculto o frustrado para evitar el enfrentamiento con alguien cuyos valores son diferentes a los míos, o para complacer, aplacar o manipular a alguien, o simplemente para estar en buena relación con alguien. La autoafirmación significa la disposición a valerme por mí mismo, a ser quien soy abiertamente, a tratarme con respeto en todas las relaciones humanas.

 

Vivir con propósito es utilizar nuestro potencial para la consecución de las metas que hemos elegido. Son nuestras metas las que nos impulsan, las que nos exigen aplicar nuestras facultades, las que refuerzan nuestra vida. Vivir sin propósito es vivir a merced del azar, del acontecimiento fortuito, del encuentro casual porque no tenemos una norma mediante la cual juzgar lo que vale o no la pena hacer.

Aprender integridad personal. Consiste en la integración de ideales y creencias por una parte y la conducta por otra. Cuando nuestra conducta es congruente con nuestros valores declarados, cuando concuerdan los ideales con la práctica, tenemos integridad. Integridad significa, concordancia entre las palabras y el comportamiento. Si obro en contra de lo que yo considero correcto, si mis actos se contradicen con mis valores, entonces obro en contra de mi criterio, me traiciono a mí mismo. La falta de integridad causa un daño mayor del que me pueda causar cualquier rechazo o juicio externo.

Desde nuestra experiencia durante años como terapeutas comprobamos día a día que si no abordamos inicialmente la construcción de una “sana” autoestima en el paciente, éste no podrá integrar adecuadamente ningún aprendizaje, ni se harán progresos realmente significativos en el resto de los procesos a trabajar ya que la base de cualquier trabajo terapéutico reside en la autoestima.

Para concluir, os presentamos ejemplos que pueden daros pistas de lo que se puede experimentar al tener una baja autoestima:

  • Elegir continuamente una pareja inadecuada.

  • Encontrar humillante admitir tus errores.

  • La mayor parte del tiempo, sentirte confuso.

  • Sentir que los demás no te valoran.

  • Desesperarte o depender de forma insaciable del amor.

  • Necesitar compulsivamente la aprobación de los demás.

  • Sentirte continuamente frustrado en tu relación.

  • Dejarte influir por los demás con demasiada facilidad.

  • Tener una profesión que no te lleva a ninguna parte.

  • Pensar en ideas prometedoras que mueren nada más nacer.

  • Sentirte incapaz para disfrutar del sexo, del éxito, de la vida en general.

  • Comer y vivir destructivamente.

  • Tener sueños que nunca se cumplen.

  • Vivir en tensión constante, agotado, insatisfecho, con ansiedad o depresión.

  • Depender de las drogas, alcohol, etc.

  • Desmoronarte cuando tienes que afrontar las adversidades de la vida.

  • Ponerte continuamente a la defensiva y frustrarte con facilidad.

  • No valorar tus capacidades innatas.

  • Echar la culpa de todo lo que te ocurre a los demás o a tu pasado.

  • Ser rígido de emociones y sentimientos.

  • No tener una idea clara de tus posibilidades.

  • Dejarte manipular por tus miedos.

  • Dejarte influir por el deseo de evitar el dolor que por experimentar el placer.

  • Tener de forma habitual una baja resistencia a la enfermedad, vejez, fealdad…

  • Ver el mundo como algo peligroso, al no creer en ti mismo.

  • Tener hijos que no aprenden nada sobre el respeto a sí mismos.

  • Creer que existe algo que no funciona bien dentro de ti o que careces de algo esencial.

Libros recomendados:
Los seis pilares de la autoestima“. Autor: Nathaniel Branden
La felicidad no es un secreto“. Autor: G. W. Burst y H. Street.

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